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Abel I “El Soberbio”.

In Actualidad, Política on 10 octubre, 2014 at 18:33

abelcaralleiro

Hoy “Entre Tanto” está de cumpleaños. Y van tres años ya. Intentaré disciplinarme más con las publicaciones de hoy en adelante. Suena a promesa de año nuevo, lo sé. Espero que no lo sea. Vamos a lo que vamos…

 

Abel Caballero me dio clases de Economía Política y Hacienda Pública en 1º de carrera. La asignatura, tan farragosa como su nombre hace intuir, podría resultar árida y aburrida para cualquiera con una deficiente formación matemática, como desafortunadamente era mi caso.  Atribuyo gran parte del mérito de que yo entendiese todo aquel batiburrillo de gráficas, fórmulas y demás historias al profesor Caballero. Era bueno. Tanto que conseguía que yo pasase por alto sus constantes referencias a sus logros como ministro -bastante discutible que pueda presumir de eso-, su actitud un tanto chulesca y esa condescendencia del que se cree superior a sus interlocutores. Serán cosas de ser Doctor por la Universidad de Cambridge, que siempre suena de escándalo y da mucho prestigio. Nosotros, pobres mortales que sólo aspirábamos a la Universidad de Vigo, éramos afortunados de que Él compartiese su sapiencia con nosotros. Una vez le preguntamos por su candidatura a presidente de la Xunta de Galicia -la peor derrota del PSOE en nuestra comunidad-. Ese día descubrí que no sólo era buen profesor sino que también tenía dotes para el fútbol: impresionante habilidad para echar balones fuera.

Terminó el cuatrimestre y, durante una buena temporada, no volví a saber nada de él. La siguiente vez que lo vi fue en la presentación de su primera novela, “La Elipse Templaria”. Siempre he tenido debilidad por las historias de sociedades secretas y la orden templaria tiene ese halo de misterio del que nacen grandes historias. Compré el libro y me acerqué a que me lo firmase, junto con un amigo que cometió el mismo error que yo. Abel I “El Soberbio” estuvo encantador con nosotros. Su libro, en cambio, lo uso para calzar un mueble que tengo cojo en casa. Dudo que esa puta mierda insufrible sirva para nada más. Misteriosamente, le han publicado otros tres.

Guardo pocos recuerdos de ese libro, que marcó un hito en mi vida: fue la primera vez que dejé una novela a medias. En tres meses conseguí avanzar poco más de 100 páginas; así de amena me resultó.  El caso es que llegados a un punto de la obra, él mismo aparecía como personaje. Fue la segunda vez que tuve contacto con su ego desmedido.

Me resulta irónico a la par que algo triste pensar que este buen hombre sabe tanto de teoría económica y tan poquito de su gestión. Abel I, ese al que se le llena la boca diciendo que “lo que propone Podemos es keynesianismo y eso es lo que llevo haciendo yo desde que soy alcalde”, interpreta el keynesianismo como renovar aceras y montar rotondas, impulsar planes de empleo de exigua dotación presupuestaria y aún más escaso target de la ciudadanía, por no mencionar la ridícula duración de los contratos que se firman en esos planes. Si Keynes levantase hoy la cabeza, se moría de nuevo, aunque esta vez de vergüenza. ¿Para qué invertir en crear empresas públicas si puedes poner unas piedras carísimas en el suelo?, parece pensar este Hijo Adoptivo de A Coruña, ciudad que le otorgó ese título como agradecimiento a sus gestiones para que saliera adelante el proyecto del aeropuerto de Alvedro, allá por 1990. Ese que hoy considera innecesario. Abel I “El Soberbio”, también llamado “El Amnésico”. A este ritmo, al final de la entrada, acumulará más títulos que Daenarys Targaryen.

En fin, el caso es que en fechas recientes un juez ha promulgado una sentencia que obliga al Concello de Vigo a derribar la llamada “Cruz del Castro”, una réplica de la cruz que preside el Valle de los Caídos, que fue levantada por la sección local de Falange e inagurada por el propio Franco allá por 1961, en honor a la División Azul. A sus pies han muerto fusilados vigueses, por el único delito de tener ideología y defender el gobierno legítimo de la República. Para cualquier demócrata, estos serían motivos más que suficientes para considerar que la cruz en cuestión sobra. Por si fuera poco, una ley del año 2007, la llamada “Ley de Memoria Histórica”, obliga al derribo. Ley, por cierto, promulgada por un gobierno socialista, es decir, del mismo signo -al menos, en teoría- que nuestro ínclito regidor municipal.

Pero Abel I es más que un alcalde y mucho más que un socialista: es una constante pulsión entre una necesidad de agradar a las mayorías bienpensantes y esa necesidad de reafirmar la propia virilidad, tan típica de personajillos oscuros y mediocres acomplejados por vayan ustedes a saber qué problemas de infancia que continúan campando a sus anchas por sus “Ids”, quizá demasiado enterrados para ser racionalizados o quizá demasiado aterradores para que se atreva a confrontarlos. El caso es que, de una manera u otra, a Abel I “El Soberbio”, también llamado “El Amnésico” no se le ha puesto en la punta de la virilidad acatar la sentencia judicial que le obligaba a tirar abajo la puñetera cruz. Los argumentos que ha esgrimido son, sin duda, de peso: “Es una cruz, no es un símbolo fascista. Esos fueron retirados. Ahora es una cruz. Es una cruz. Es una cruz. Es una cruz”. Y así hasta 16 veces. Argumentos de peso, sin duda. Luego nos recuerda que él ha puesto el nombre de “todos los represaliados por el franquismo a calles” y nos demuestra que tampoco es un gran conocedor de la historia de su amadísima ciudad: Según cifras oficiales, se estiman en 136 los represaliados. Según mis cálculos, las calles con nombres de asesinados por el fascismo son apenas 20. Abel I “El Soberbio”, también llamado “El Amnésico”, conocido en círculos como “El Iletrado”. Cuéntale esta estupidez a los descendientes de los autoinmolados del Bou Eva o a la familia y amigos de Humberto Baena.

¿Por qué, de ellos, sólo Carmen Miguel Agra tiene una calle en su honor -y menuda calle-?

¿Cómo tienes tan poca vergüenza, cínico?

Ojalá las nuevas escaleras mecánicas, esas que han costado lo mismo que has recortado en Bienestar Social y ahorran la friolera de 200 pasos, sean el principio del fin de tu reinado de despotismo populista. Eras un gran profesor, pero como político eres un ser deplorable, pequeño napoleoncillo pontareano y empiezas a oler a cadáver político, por mucho que tus compinches del PP se esmeren en bañarte en óleos e inciensos en forma de apoyo a presupuestos municipales.

Pronto serás historia, Abel I “El Soberbio”.

 

(La imagen la he tomado prestada de “FalodeRedondela”, que no sé muy bien qué es, pero podéis acceder desde aquí).

Divide y Vencerás.

In Actualidad, Política on 20 julio, 2012 at 17:37

En general, no me gusta el funcionariado. Lo digo sin tapujos, creo que durante nuestra historia reciente ha sido una casta privilegiada -de perfil socio-económico variable- pero que disfruta de una serie de beneficios y privilegios que al ciudadano normal le están vetados. Y algunos son grandes profesionales, con vocación de informar y colaborar con el contribuyente que, en última instancia, paga sus salarios.

Tampoco me gusta la policía. Sé que en los cuerpos de seguridad del estado hay personas maravillosas, humildes, buena gente y con el único afán de ayudar a sus conciudadanos. Otros, en cambio, se han quedado anclados en tiempos más grises, han visto demasiadas veces “Harry el Sucio” o, sencillamente, han descubierto en la placa una forma de canalizar sus frustraciones en la vida.

Pero me molesta leer y escuchar comentarios despectivos hacia ellos. Me provoca una inmensa tristeza pensar que somos tan miopes que no nos damos cuenta que la policía y los funcionarios son tan ciudadanos como lo somos todos los demás. Me saca de mis casillas escuchar a la gente criticar a la policía sí o sí: cuando se dedican a repartir leña a los que se manifiestan o cuando hacen un gesto para sumarse a la causa del pueblo.

La policía no es nuestro enemigo. Los funcionarios tampoco. Ni siquiera el ejército. -aunque el que suscribe se declara abiertamente contrario a la existencia de Fuerzas Armadas y se confiesa preocupado por el comunicado de AUME– Los enemigos son otros: son los que se han beneficiado de esta crisis “que era impredecible”; son los que han obtenido réditos desproporcionados a costa de hipotecar nuestro futuro y el de nuestras familias, mientras ellos, sentados en sus sillones y sabiéndose intocables, se ocupaban de decidir si el cuadro de Miró quedaba mejor en la pared del garaje o sobre la taza del water. Y son los políticos, sin duda. Unos y otros. Son la antigua clase noble, los señores feudales que nos han hecho creer que importamos algo para, mientras, medrar tranquilamente e instaurarse en unas cotas de poder que desafían el más mínimo sentido común y que, cuando todo el monstruo que ellos mismos crearon se rebeló contra sus “padres” decidieron que la mejor forma de apaciguarlo era ir sacrificándole ciudadanos, derechos y todo lo que sea necesario.

La calle tiene que arder. La tomadura de pelo ya es demasiado grande. Que no nos engañen sus discursos en los que se declaran preocupados por nosotros: son mentira. Recordad la frase de La Biblia, en Mateo 16:23, “mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos”. Y ya que hablamos de la Biblia, mencionemos también a la Iglesia, otra casta privilegiada que, enfrentándose a su decadencia, sigue todavía insultando descaradamente a la más mínima decencia con cosas como “no sabemos cuánto se recauda por los donativos en los cepillos”. Siempre peleando por su cota de poder, siempre conspirando en la sombra. Siempre jodiendo al pueblo… y, si se tercia, a algún niño despistado.

Somos ese “Nosotros, el Pueblo” que casi me arranca las lágrimas en la Constitución de los EE.UU. Somos los depositarios últimos de la Soberanía Nacional. Somos el presente, pasado y futuro de este país y nos corresponde a nosotros dar el puñetazo en la mesa.

En el año 500 AC, Sun Tzu escribió una obra atemporal: “El arte de la guerra”. Entre otras muchas reflexiones y lecciones de estrategia militar, el libro se sintetiza en dos frases: “El arte de la guerra es el arte del engaño” y “Haz ver a tu enemigo que eres fuerte cuando estés débil”. Incluso en una idea: Las batallas deben ganarse sin siquiera ser libradas.

Putear a la policía y a los funcionarios ha sido una opción del gobierno (de ambos). Démosles la bienvenida a “nuestro bando”. Necesitamos estar unidos, ser EL PUEBLO, recordar que, como dicen Judas Priest, “Juntos sobreviviremos, separados nos hundiremos”. Recordar que ya Julio César entendió perfectamente que dividiendo al enemigo es como más fácil resulta vencerlo. Y recordar también que es nuestro derecho y nuestro deber cuidar nuestro país.

Los políticos están de prestado. Los que vivimos y sufrimos con él somos los ciudadanos. A nosotros nos corresponde cuidarlo. Y ciudadanos somos todos, también los funcionarios. No los critiquéis. Alegraos de que estén con nosotros en esta guerra sin armas de fuego.

No quieren ver la que están liando. Dejadlos así un rato… Mientras, leed a Sun Tzu. Sus reflexiones sirven para la guerra, los negocios… para la vida en general. Se dice rápido.

Gestos y medidas.

In Actualidad on 18 julio, 2012 at 15:37

Soy Republicano. Lo digo en la primera frase para que nadie se sorprenda por el contenido de la entrada. Si a alguien le parece merecedora de especial devoción la institución de la monarquía o la figura de algún miembro de la Casa Real, seguramente no le apetezca seguir leyendo. Eso sí, gracias por haberse pasado por el blog.

Ayer me contaba mi madre que el Rey se había bajado el sueldo. De entrada, no le di gran importancia a la historia… hice un par de comentarios mordaces sobre aquel “santo varón” llamado Robespierre y me fui a correr por la playa.

Mientras estaba en ello, empecé a darle vueltas al comentario de mi madre… “el Rey se ha bajado el sueldo”, así que paré y fui a consultar la noticia en el móvil. Efectivamente, se había bajado el sueldo un 7% (7,1 para ser exactos). La gran mayoría de la prensa aplaudía el “gesto de solidaridad” del monarca con el pueblo…

…y yo no era capaz de dejar de preguntarme si es que en España la prensa se ha vuelto gilipollas o es que se ha olvidado de aquello de “ser el 4º poder” y “servir al pueblo dándole los hechos para, así, fomentar el debate”.

No hay nada que aplaudir en la decisión del Rey. NADA. Primero, porque su salario ronda los 300.000 €, así que una rebaja del 7%, en principio, no lo va a dejar sin poder pagar la hipoteca… ah, coño… no… que no tiene… que vive en una serie de inmuebles que pagamos entre todos los españoles… pero bueno… igual no se puede comprar el nuevo Aston Martin V12 Vanquish que acaba de presentar la firma británica… ah, coño… no… que él es más de Bentley Continental… que pagamos entre todos también, por supuesto… Podría seguir por estos derroteros, pero creo que se capta la idea… en realidad, una bajada de sueldo de un 7% se traducirá, como mucho, en que el próximo safari de caza tendrá lugar en Algeria o Mauritania: viajar a Botswana quizá sea demasiado caro. Y con una fortuna personal de origen incierto en el mejor de los casos, que algunos cifran en miles de millones de euros (Forbes lo situaba entorno a los 1800 millones hace dos años), sin duda es un esfuerzo terrible tener que renunciar a los casi 30.000 € que le supone el gesto.

Porque seamos serios, que un cargo público de alto nivel diga que se va a recortar el sueldo en solidaridad con los españoles no puede considerarse más que un gesto de cara a la galería en el mejor de los casos. En el peor, estaríamos hablando de un insulto directo a la cara de los funcionarios que, con percepciones salariales más bajas, han visto reducidos sus salarios en un porcentaje próximo al 10% o al de los parados y pensionistas, que han visto sus pensiones reducidas -o congeladas- y la aparición de algunos costes añadidos que,hasta hace un par de meses no tenían.

Esto es lo que pasa en nuestro país, mientras en el vecino, el presidente Hollande se baja el sueldo un 30%. Sí, sigue cobrando una fortuna, sin duda… pero reducir su salario y el de sus colaboradores un 30%, además de un gesto, es también una medida. Es una medida encaminada a que la población -que seguramente tendrá algo más de cultura que nosotros- no sea la única que sufre las peores vicisitudes de la crisis. Y supone un importante ahorro al Estado, con el que se pretende poner en marcha un ambicioso plan de empleo. Eso es una medida.

Esto es un gesto. Una anécdota. Un detalle. Una burla. Una vergüenza. Esto es, en resumen, una mierda.

La deuda odiosa.

In Actualidad, Política on 16 julio, 2012 at 18:43

¿Se imaginan que sus hijos pudieran ser encarcelados por los delitos que ustedes hubieran cometido?

¿Y que pudieran ser condenados a esclavitud por las deudas contraídas por ustedes?

Suena aterrador, ¿verdad?

Pues esto es justamente lo que estamos viviendo ahora mismo.

En nuestra mente de países “avanzados”, no caben estos conceptos. Nosotros tenemos derechos fundamentales recogidos en leyes, amparadas por constituciones promulgadas por gobiernos que han sido elegidos por medios democráticos y bla, bla, bla…

Pero tenemos las Deudas Soberanas, que son aquellas en las que los Estados incurren para financiar sus necesidades internas, pagar sus sueldos, llevar a cabo sus políticas y, en resumen, mantener la maquinaria del país funcionando. Dichas deudas son contraídas por un gobierno “X”, teóricamente legítimo -ya que un gobierno es legítimo cuando accede al poder y lo ejerce  cumpliendo los requisitos que los gobernados creen que debe tener para mandar y, desde este punto de vista, no sería legítimo un gobierno que concurre a las elecciones con un programa que luego no aplica (la práctica habitual en la vida política española)- y habitualmente tienen vencimientos extremadamente largos. En muchos casos, dichas deudas no pueden ser pagadas en el momento en que son exigibles, por tanto se refinancia dicha deuda -a un mayor interés, claro está- y todos tranquilos.

Con los plazos habituales de dichas financiaciones soberanas, una deuda y una refinanciación podrían suponer fácilmente 20 años en el tiempo… quizá incluso 30. En ese periodo, se habrá producido un cambio generacional en el país y a sus hijos les corresponderá pagar las deudas que “ustedes” -el gobierno que ustedes votaron- han generado. ¿Les va sonando?

Normalmente es en este punto donde el ciudadano medio -que no es economista y, por tanto, es capaz de pensar de manera humana- empieza a tomar conciencia de que algo está funcionando francamente mal en su país, aunque no sabe precisar el qué. Y en el momento que toma esta conciencia, castiga duramente a los supuestos culpables -lo que, en España, significa que vota “al otro partido”.- No satisfecho con eso, suele darle una suerte de Patente de Corso moderna llamada Mayoría Absoluta.

Es entonces cuando se produce la Tormenta Perfecta.

Como todos los estamentos políticos del país están construidos sobre el amiguismo y la corrupción, el gobierno entrante y su mayoría absoluta no van a actuar sobre las causas últimas del problema de la Deuda Soberana -lo que se llama el déficit estructural-, si no que van a tomar una serie de medidas que, en su gran mayoría, serán pan para hoy y hambre para mañana. O hambre para hoy y mañana, según se mire. O aún peor… se dedicarán a expoliar el país, pagándose favores unos a otros y gastando cantidades pornográficas de dinero de los contribuyentes en estupideces.

Ocurrirá, más pronto o más tarde, que los países no podrán asumir el coste de dichas deudas. Entonces  llegarán los “Hombres de Negro” -que no, no son los simpáticos personajes interpretados por Will Smith y Tommy Lee Jones- y tomarán el control de las finanzas del país, perdiendo este parte de su soberanía por motivos económicos. Si estuvieramos en la Edad Media, sería el equivalente a una invasión.

La pregunta que surge en este punto es bien sencilla: los que nos prestaron ese dinero que ahora no podemos devolver… ¿no sabían lo que hacían? ¿Desconocían los problemas estructurales de nuestro país “X”? ¿Fueron engañados por los gobiernos de nuestro país? ¿O -lo más probable- sabían perfectamente lo que hacían y no les importó el teórico riesgo puesto que los beneficios eran cuantiosos y, al fin y al cabo, si “X” no pudiera pagar le podría “embargar” el país?

Pues como respuesta a todas estas preguntas, existe un concepto en Derecho Internacional, acuñado por un jurista ruso que impartía clases en París allá por 1927 llamado “Deuda Odiosa”.  Según este jurista “si un poder despótico incurre en una deuda no por las necesidades o los intereses del Estado sino para otorgar mayor fuerza a su régimen despótico, para reprimir a la población que se le enfrenta, etc., esta deuda es odiosa para la población de todo el Estado. Esta deuda no es una obligación para la nación; es una deuda del régimen, una deuda personal del poder que la ha tomado, por lo tanto ésta cae con la caída del poder que la tomó. La razón por la que no se puede considerar que estas deudas odiosas graven el territorio del Estado es que dichas deudas no cumplen con una de las condiciones que determinan la legalidad de las deudas del Estado, que dice: las deudas del Estado deben ser tomadas y los fondos deben ser empleados para satisfacer la necesidades y los intereses del Estado.”

Y no, un aeropuerto peatonal o dar 400 € a cada español no satisface las necesidades ni los intereses del Estado.

La pregunta aquí sería si el poder ejercido por un gobierno elegido de forma democrática se puede considerar despótico. Mi teoría es que sí, puesto que si el gobierno falta a aquellas ideas que expuso en la campaña electoral adquiere el poder mediante la mentira y el engaño, siendo por tanto un gobierno carente de legitimidad y, más grave, con libertad para hacer y deshacer a su antojo, puesto que tiene una mayoría absoluta. Este gobierno, a su vez, vela por los intereses de ciertos colectivos, muy reducidos en número y que, de manera individual, nunca habrían alcanzado una cota suficiente de poder pero que ahora, gracias a la mentira del gobierno “X”, pueden hacer y deshacer a su antojo. Es una suerte de golpe de estado blando.

Ante estas situaciones, la “deuda odiosa” puede no pagarse. O se puede exprimir al contribuyente hasta que no dé más de sí. O se le puede pedir -mandar, diría yo- a los que han sacado cuantiosos beneficios que arrimen el hombro. O se puede negociar con los prestamistas un aplazamiento de deuda. O se puede hacer un mix de todo lo anterior y, de paso, exigir responsabilidades -civiles y penales- a los que las tengan.

Pero este recorte por la base, la destrucción del llamado Estado del Bienestar ante los intereses del capitalismo más salvaje no admite justificación alguna. Genera conflictividad social, genera desigualdades, injusticias… genera todo lo que, en teoría, no cabe en un estado moderno.

Quizá estemos volviendo al pasado. O quizá nunca hemos salido de él…

(La viñeta la he cogido prestada del blog de Antonio Maestre, al que podéis acceder aquí.)

Curso de jardinería para gobernantes. (relato de ficción con toques de realidad)

In Actualidad, Política on 10 abril, 2012 at 14:53


Ayer, alrededor de las 21.00 estaba sentado en mi casa, trabajando en el capítulo IV de esa novela que estoy escribiendo cuando sonó el móvil.

Estuve a punto de no cogerlo. No suelo atender las llamadas con “número oculto”, principalmente porque suelen ser mis acreedores reclamándome pagos o -peor aún- alguna empresa de telefonía que me ofrece una tarifa maravillosa y un móvil que no necesito a cambio de que me comprometa con ellos a sacrificarles a mi primer hijo el día que lo tenga y me deje sodomizar cada vez que ellos vayan necesitados…

Pero bueno, que me voy por los cerros de Úbeda… el caso es que descolgué el teléfono (quizá porque estaba despistado tecleando) y me llevé una sorpresa importante cuando escuché una voz con cierto deje gallego que me saludaba:

– Hola Morgan. Shoy Mariano.

– ¿Mariano? ¿Qué Mariano?

Puesh Mariano Rajoy, tu Presidente.

– ¡Coño! ¡Marianín! ¿Qué pasa hombre? ¡Vaya liada con la prima de riesgo!, ¿eh?

Shí… bashtante gorda… menos mal que tengo a Luish para capear el temporal… pero bueno, que no te llamo por esho

– Ah, pues tú dirás… si puedo hacer algo por ti… o por esta, nuestra Patria, estaré encantado de hacerlo… -bueno, quizá no fui tan patriótico, pero como es mi historia y la cuento yo, me puedo permitir algunas licencias-

– Mira, esh que cuando llegué a la Moncloa, para celebrarlo, Viri me regaló un bonshai

– ¿Un qué? -interrumpí al Presidente-

– Un bonshai, un árbol de eshos enanos de los chinosh

– Ah, coño… un bonsai… vale…

– Eso, un bonshai… bueno, el caso esh que al cabo de un mesh, empezó a perder el fabuloso color verde que tenía al principio y se fue poniendo marrón…

– Pues hombre, no soy un experto en botánica, Mariano, pero yo diría que se te está muriendo el bonsai… ¿lo has regado?

– Un poco, shí… Sorayita me ha dicho que eshtas plantas son de poca agua…

– Ya… sí… eso había oído también yo… bueno… ¿y has probado a regarlo?

– No, esho no es necesario. Lo he podado.

– Ah… perfecto… ¿y qué tal? ¿Mejoró?

Puesh no… no mucho… eshtuve una semana mirándolo a diario para ver si se recuperaba, pero no lo hizo…

– Vaya… inexplicable… ¿y probaste a echarle abono?

– No… Eshperancita, que de cardosh sabe un rato, me dijo que no era necesario.

– ¿Y entonces qué has hecho?

– Lo he podado másh.

– Coño Mariano… pues debes tener el bonsai a tamaño bolsillo…

– Ya… con la shegunda poda quedó pequeñito, pequeñito… pero shigue sin crecer y cada vez está másh amarillento…

– Es que eres incorregible, ¿eh?… Es tener unas tijeras en la mano y te lías a cortar y recortar por aquí y por allá, y así no vamos a ningún sitio…

– Ya, ya lo shé… la culpa no esh mía…

– No, claro… será también del gobierno de Zapatero… lo que yo te diga, Mariano… incorregible…

– No me fashtidiesh, Morgan, hombre… que shi she me muere el bonshai voy a tener un lío terrible con Viri…

– Vamos a ver, Mariano… cuando uno quiere que algo crezca, lo que tiene que hacer es darle lo que necesita, no quitarle lo que uno cree que le sobra… quiero decir, tu bonsai necesitaba agua y abono, nada más. Sí, está muy bien podarlo y quitarle algunas ramas que le sobran, y si esto lo haces en el momento adecuado, no sólo lo haces más atractivo, sino que puedes incluso lograr que crezca más grande y más fuerte… pero si lo que haces es recortarlo cuando lo que necesita es que colabores en su crecimiento, lo único que vas a conseguir es que el bonsai acabe intervenido…

– ¿Cómo intervenido? ¿A qué te refieresh?

– Muerto, quería decir muerto, perdona… a veces me lío entre el país y el bonsai… lo dicho, Mariano, la tijera está muy bien y es necesaria en algunos momentos, pero no puedes tirar de tijera cuando algo está empezando a crecer o cuando quieres ayudar a que germine… ¿o acaso cuando tu hijo era un bebé le pasabas el cortador de césped para ayudarlo a crecer? No, ¿verdad? Le dabas alimento, lo cuidabas, velabas por su bienestar… las plantas son iguales.

– Vaya… yo pensaba que dejándolas a su aire y recortándolas bien iban a crecer grandes y fuertesh… que habría una “Mano Invisible” que haría que mejorashen

– Ya… sí… yo también he leído a Adam Smith, aunque siempre he sido más de Keynes…

– Tú esh que eres medio rojo…

– Y tú medio miope… ¿tengo que recordarte que tu amigo Smith también dijo que “ninguna sociedad puede ser próspera si la mayoría de sus miembros son pobres o miserables”?

– Me parece que nosh hemos deshviado del tema…

– Sí, eso parece… en fin, volviendo a tu bonsai, riégalo, abónalo y, con algo de suerte, aún no lo habrás asfixiado a base de recortes y saldrá adelante… pero como sigas con la tijera, entonces dalo por muerto. Y haz lo mismo con la economía del país… déjate de hostias y trabaja en generar crecimiento, no en recortar derechos.

– Creo que no debería haberte llamado… en fin, graciash de todash formash.

– Fíjate, por primera vez estamos de acuerdo en algo… ¡ciao, presi!

Colgué el teléfono y traté de seguir escribiendo… no había manera: las musas se habían ido.

Me fui a la ventana y encendí un cigarro que me fumé con avidez mientras veía a la gente correr por las calles mojadas. Estaba cayendo un chaparrón de tres pares de narices. Pensé en la conversación que acababa de tener con el Presidente del Gobierno y tomé dos decisiones: la primera, no volver a hablar con un político: sus razonamientos y los de los simples mortales van por caminos diferentes.  La segunda: no volver a atender una llamada desde un “número oculto”.

Nunca traen nada bueno.