Un poco de poesía: Brendan Behan

“Los males del amor son solo malos tragos. El amor desgraciado, la muerte de los hijos… son malos tragos. Pero si estás más o menos bien de salud y tienes dinero suficiente para techo, comida, tabaco y alcohol, vas a llorar igual, pero de manera mucho más confortable”.

Brendan Behan fue, como el también querido Dylan Thomas, un fulano con una tremenda capacidad para la ironía; casi tanta como para la bebida. Antes de ser famoso por su inmenso talento literario lo era ya por lo épico de sus borracheras, así que no hubo demasiada gente sorprendida cuando murió a los 41 años de, efectivamente, cirrosis hepática.

Behan nació a principios de los años veinte del siglo pasado en una familia obrera. Su madre fue amiga personal del histórico dirigente del IRA Michael Collins y su padre un veterano de la Guerra de Independencia de 1919. Aunque eran muy pobres, tanto Brendan como sus hermanos recibieron una exquisita formación cultural, gracias principalmente a algunas costumbres de sus padres, como leerles literatura clásica para que se durmieran.

Con esos antecedentes, el ingreso de Brendan Behan en el IRA era casi algo cantado. A los 16 se alistó en la organización y, muy motivado, se dispuso a volar en solitario el Puente de Londres. La policía, en cambio, no vio sus intenciones con buenos ojos y acabó pasando los años siguientes en un reformatorio del que salió al cumplir los 18. Al año siguiente, sería nuevamente condenado, esta vez por intento de homicidio, a 14 años. Por fortuna para él, lo pilló la amnistía de 1946 y solo cumplió cuatro años. Habiendo pasado siete de sus veintitrés años de vida entre rejas, decidió retirarse de la lucha en activo y centrarse en su faceta como escritor.

Obra de Brendan Behan

Tal vez sus dos obras más célebres sean Borstal Boy (Chico de reformatorio) y Confesiones de un Rebelde Irlandés (que es, también, la primera de sus obras que cayó en mis manos), aunque Behan fue también un magnífico poeta en cuyos textos brilla con luz propia la sencillez del lenguaje y la composición. Además, manejaba el ritmo con una soltura envidiable, por lo que sus poemas tienen una musicalidad que no pasa desapercibida (siempre que se lean o escuchen en versión original, obviamente). Por último, y no por irrelevante, su prosa está empapada de un profundísimo humanismo y su lengua viperina es un fusil de francotirador con el que denuncia la aberración de la pena de muerte o el desprecio del gobierno inglés hacia Irlanda y sus gentes. Behan es uno de esos autores cuya obra puede matar una mala traducción, por lo que siempre que podáis, os recomiendo buscar versiones originales.

En total, publicó alrededor de once obras, siendo las más célebres sus relatos de la época de la cárcel, donde usa su ingenio y su fina ironía para poner en evidencia el aberrante sistema carcelario británico y el trato que este dispensaba a los miembros del IRA.

Cómo conocí a Behan

Aunque siempre he sido un gran aficionado a la poesía inglesa, no había oído hablar de Brendan Behan en mi puñetera vida hasta más o menos el año 97. Recuerdo que por entonces me agencié un cómic en el que el protagonista se iba de pintas con el fantasma de un amigo, muerto por su culpa. En un momento de la conversación, el fantasma recuerda una frase de Behan que me enamoró al momento: “lo único que puedo decir es que te he sido fiel a mi manera” (en teoría, la destinataria de esta maravilla era su esposa). Salí disparado a la librería de al lado de casa a buscar algo de ese tal Behan… y me volví como estaba: las únicas ediciones de su obra en español llevaban ya bastante tiempo descatalogadas. Internet todavía no se había convertido en algo tan cotidiano como lo es hoy, por lo que tampoco fue fácil encontrar textos suyos online.

La solución me llegó casi por casualidad: mientras cursaba primero de filología inglesa se me ocurrió preguntar a una de las profesoras que daban literatura por el autor, sin demasiadas esperanzas. Pero resultó que sí, que lo conocía. No solo lo conocía, sino que era uno de sus escritores favoritos. A la semana siguiente, tenía las “Confesiones…” entre manos. Me duraron apenas dos días y me convirtieron, para siempre, en un devoto del Chico de Borstal, título que, por cierto, me tiré años pensando que hacía referencia a una localidad irlandesa. Ya ven, el que va de traductor por la vida.

Y tras esta chapa de introducción, el poema seleccionado. He cogido la conocida como “La Canción del Prisionero”, porque ha sido versionado por infinidad de grupos, entre ellos mis queridos The Pogues. El título hace referencia al triángulo que los guardias tocaban en la cárcel para indicar a los reclusos que era hora de levantarse.

La traducción, en este caso, no es mía, sino del blog Hermano Temblón

The Auld Triangle

A hungry feeling
Came over me stealing
And the mice were squealing
In my prison cell

And that auld triangle went jingle-jangle
All along the banks of the Royal Canal

To begin the morning
The screw bawling
“Get up out of bed, boy!
And Clean up your cell!”

And that auld triangle went jingle-jangle
All along the banks of the Royal Canal

On a fine Spring evening
The loike lay dreaming
And the sea-gulls squeeling
High above the wall

Oh! the day was dying
And the wind was sighing
As I lay there crying
In my prison cell

And that auld triangle went jingle-jangle
All along the banks of the Royal Canal

Oh! the screw was peeping
And the loike was sleeping
As he lay there weeping
For his poor gal

And that auld triangle went jingle-jangle
All along the banks of the Royal Canal

In the female prison
There are seventy women
And I wish it was with them
That I did dwell

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LA CANCIÓN DEL PRISIONERO

Una sensación de hambre
vino a apoderarse de mí
mientras los ratones chillaban
en mi celda de la prisión

Y el sonido de ese viejo triángulo
iba tintineando
a lo largo de las orillas del Canal Real.

Al comenzar el día,
el guarda entra berreando
¡levántate de la cama, chico
y limpia tu celda!

Y el sonido de ese viejo triángulo
va tintineando
a lo largo de las orillas del Canal Real.

En una hermosa tarde de primavera,
el preso se pone a soñar
mientras las gaviotas revolotean
sobre el muro

Oh, el día va muriendo
y el viento suspira
mientras el preso llora
en su celda

Y el sonido de ese viejo triángulo
va tintineando
a lo largo de las orillas del Canal Real.

El carcelero mira furtivamente
al recluso que yace
entre llantos
por su pobre chica

Y el sonido de ese viejo triángulo
va tintineando
a lo largo de las orillas del Canal Real.

En la prisión femenina
hay setenta mujeres
Ojalá pudiera
morar entre ellas.

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