Morgan´s

Abel I “El Soberbio”.

In Actualidad, Política on 10 octubre, 2014 at 18:33

abelcaralleiro

Hoy “Entre Tanto” está de cumpleaños. Y van tres años ya. Intentaré disciplinarme más con las publicaciones de hoy en adelante. Suena a promesa de año nuevo, lo sé. Espero que no lo sea. Vamos a lo que vamos…

 

Abel Caballero me dio clases de Economía Política y Hacienda Pública en 1º de carrera. La asignatura, tan farragosa como su nombre hace intuir, podría resultar árida y aburrida para cualquiera con una deficiente formación matemática, como desafortunadamente era mi caso.  Atribuyo gran parte del mérito de que yo entendiese todo aquel batiburrillo de gráficas, fórmulas y demás historias al profesor Caballero. Era bueno. Tanto que conseguía que yo pasase por alto sus constantes referencias a sus logros como ministro -bastante discutible que pueda presumir de eso-, su actitud un tanto chulesca y esa condescendencia del que se cree superior a sus interlocutores. Serán cosas de ser Doctor por la Universidad de Cambridge, que siempre suena de escándalo y da mucho prestigio. Nosotros, pobres mortales que sólo aspirábamos a la Universidad de Vigo, éramos afortunados de que Él compartiese su sapiencia con nosotros. Una vez le preguntamos por su candidatura a presidente de la Xunta de Galicia -la peor derrota del PSOE en nuestra comunidad-. Ese día descubrí que no sólo era buen profesor sino que también tenía dotes para el fútbol: impresionante habilidad para echar balones fuera.

Terminó el cuatrimestre y, durante una buena temporada, no volví a saber nada de él. La siguiente vez que lo vi fue en la presentación de su primera novela, “La Elipse Templaria”. Siempre he tenido debilidad por las historias de sociedades secretas y la orden templaria tiene ese halo de misterio del que nacen grandes historias. Compré el libro y me acerqué a que me lo firmase, junto con un amigo que cometió el mismo error que yo. Abel I “El Soberbio” estuvo encantador con nosotros. Su libro, en cambio, lo uso para calzar un mueble que tengo cojo en casa. Dudo que esa puta mierda insufrible sirva para nada más. Misteriosamente, le han publicado otros tres.

Guardo pocos recuerdos de ese libro, que marcó un hito en mi vida: fue la primera vez que dejé una novela a medias. En tres meses conseguí avanzar poco más de 100 páginas; así de amena me resultó.  El caso es que llegados a un punto de la obra, él mismo aparecía como personaje. Fue la segunda vez que tuve contacto con su ego desmedido.

Me resulta irónico a la par que algo triste pensar que este buen hombre sabe tanto de teoría económica y tan poquito de su gestión. Abel I, ese al que se le llena la boca diciendo que “lo que propone Podemos es keynesianismo y eso es lo que llevo haciendo yo desde que soy alcalde”, interpreta el keynesianismo como renovar aceras y montar rotondas, impulsar planes de empleo de exigua dotación presupuestaria y aún más escaso target de la ciudadanía, por no mencionar la ridícula duración de los contratos que se firman en esos planes. Si Keynes levantase hoy la cabeza, se moría de nuevo, aunque esta vez de vergüenza. ¿Para qué invertir en crear empresas públicas si puedes poner unas piedras carísimas en el suelo?, parece pensar este Hijo Adoptivo de A Coruña, ciudad que le otorgó ese título como agradecimiento a sus gestiones para que saliera adelante el proyecto del aeropuerto de Alvedro, allá por 1990. Ese que hoy considera innecesario. Abel I “El Soberbio”, también llamado “El Amnésico”. A este ritmo, al final de la entrada, acumulará más títulos que Daenarys Targaryen.

En fin, el caso es que en fechas recientes un juez ha promulgado una sentencia que obliga al Concello de Vigo a derribar la llamada “Cruz del Castro”, una réplica de la cruz que preside el Valle de los Caídos, que fue levantada por la sección local de Falange e inagurada por el propio Franco allá por 1961, en honor a la División Azul. A sus pies han muerto fusilados vigueses, por el único delito de tener ideología y defender el gobierno legítimo de la República. Para cualquier demócrata, estos serían motivos más que suficientes para considerar que la cruz en cuestión sobra. Por si fuera poco, una ley del año 2007, la llamada “Ley de Memoria Histórica”, obliga al derribo. Ley, por cierto, promulgada por un gobierno socialista, es decir, del mismo signo -al menos, en teoría- que nuestro ínclito regidor municipal.

Pero Abel I es más que un alcalde y mucho más que un socialista: es una constante pulsión entre una necesidad de agradar a las mayorías bienpensantes y esa necesidad de reafirmar la propia virilidad, tan típica de personajillos oscuros y mediocres acomplejados por vayan ustedes a saber qué problemas de infancia que continúan campando a sus anchas por sus “Ids”, quizá demasiado enterrados para ser racionalizados o quizá demasiado aterradores para que se atreva a confrontarlos. El caso es que, de una manera u otra, a Abel I “El Soberbio”, también llamado “El Amnésico” no se le ha puesto en la punta de la virilidad acatar la sentencia judicial que le obligaba a tirar abajo la puñetera cruz. Los argumentos que ha esgrimido son, sin duda, de peso: “Es una cruz, no es un símbolo fascista. Esos fueron retirados. Ahora es una cruz. Es una cruz. Es una cruz. Es una cruz”. Y así hasta 16 veces. Argumentos de peso, sin duda. Luego nos recuerda que él ha puesto el nombre de “todos los represaliados por el franquismo a calles” y nos demuestra que tampoco es un gran conocedor de la historia de su amadísima ciudad: Según cifras oficiales, se estiman en 136 los represaliados. Según mis cálculos, las calles con nombres de asesinados por el fascismo son apenas 20. Abel I “El Soberbio”, también llamado “El Amnésico”, conocido en círculos como “El Iletrado”. Cuéntale esta estupidez a los descendientes de los autoinmolados del Bou Eva o a la familia y amigos de Humberto Baena.

¿Por qué, de ellos, sólo Carmen Miguel Agra tiene una calle en su honor -y menuda calle-?

¿Cómo tienes tan poca vergüenza, cínico?

Ojalá las nuevas escaleras mecánicas, esas que han costado lo mismo que has recortado en Bienestar Social y ahorran la friolera de 200 pasos, sean el principio del fin de tu reinado de despotismo populista. Eras un gran profesor, pero como político eres un ser deplorable, pequeño napoleoncillo pontareano y empiezas a oler a cadáver político, por mucho que tus compinches del PP se esmeren en bañarte en óleos e inciensos en forma de apoyo a presupuestos municipales.

Pronto serás historia, Abel I “El Soberbio”.

 

(La imagen la he tomado prestada de “FalodeRedondela”, que no sé muy bien qué es, pero podéis acceder desde aquí).

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