Morgan´s

75 años sin Antonio Machado.

In Literatura on 22 febrero, 2014 at 16:00

800px-MachadogravePara ser breve: Machado es el primer poeta que tengo consciencia de haber leído y, durante mucho tiempo, fue mi poeta preferido. Hoy, en el 75 aniversario de su muerte -en el exilio, donde sigue enterrado-, os dejo sus dos poemas que más me gustan: el celebérrimo “Retrato” y el menos conocido “Mi amor, ¿recuerdas?, dime”. Espero que os gusten también a vosotros.

MI AMOR, ¿RECUERDAS?, DIME…

¿Mi amor?…¿Recuerdas, dime,
aquellos juncos tiernos
lánguidos y amarillos
que hay en el cauce seco?…

¿Recuerdas la amapola
que calcinó el verano,
la amapola marchita,
negro crespón del campo?…

¿Te acuerdas del sol yerto
y humilde en la mañana,
que brilla y tiembla roto
sobre una fuente helada?…

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AUTORETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

 (Sobre el “Retrato” suele comentarse, por si no lo sabíais, que fue casi profético: Machado murió en el exilio, al que se fue con una maleta y poco más, es decir, “ligero de equipaje y casi desnudo, como los hijos de la mar”.)

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