Morgan´s

Un olor enfermizo, como a fascismo, lo impregnaba todo.

In Política on 18 julio, 2013 at 18:03

lobos con pielA veces la historia tiene un sentido del humor macabro.  Creo que no es la primera vez que escribo esta frase en este blog, pero es de las pocas cosas en la vida de las que estoy completamente seguro. Que sea en el aniversario de la Guerra Civil cuando salta a los medios la noticia de que el Presidente del Constitucional es afiliado del PP es buena prueba de ello.

Da pena ver este país, incluso a los que no somos especialmente patriotas ni patrioteros. Da pena pensar que en las casi ocho décadas que han pasado desde aquel triste Julio de 1936 la única modernización que ha vivido la piel de toro es tecnológica. Los mismos que se exiliaban entonces -exilio político o de subsistencia, tanto da- son los mismos que lo hacen ahora. Antes se subían a barcos y partían rumbo a Alemania, Argentina o Suiza. Hoy lo hacen en aviones, y los que van a Suiza lo hacen por motivos menos nobles. Antes escribían cartas a los que dejaban atrás. Hoy mandan correos electrónicos. Los sobres hoy se usan para otras cosas.

Hace una década recibíamos a los inmigrantes que venían de Latinoamérica mirándolos por encima del hombro, con una suerte de desprecio colonialista: los considerábamos un problema. Hoy somos nosotros los que nos vamos allá a buscarnos la vida, porque en este estercolero sólo queda alimento para buitres y moscas. Para los seres humanos, desgraciadamente, la mierda no se come.

Hace setenta y siete años el fascismo se alzó contra el gobierno legítimo de la República, condenó a España a una salvaje guerra civil y acabó imponiéndose. Dos años después, el mismo fascismo con otros colores, otras caras y otros actores, pondría en jaque a toda Europa… incluso al mundo. La versión oficial dice que fue la intervención del imperialismo americano la que derrotó a Hitler. Mi profesora de historia del instituto decía que la derrota en el frente soviético marcó el inicio del fin de Alemania. Será que mi profesora era una roja de mierda, nunca se sabe. Qué bonitos epítetos nos ha dejado la sabiduría popular, por cierto.

Mientras esto ocurría en Europa, en España el pueblo las pasaba putas. Sus libertades eran cada vez menos. La educación se ponía al servicio de la Iglesia, que medraba sin parar. Las grandes familias, la burguesía, hacían pingües negocios al calorcillo del fascismo. Las ricas se iban a abortar a otros países. Las pobres se apañaban como podían: una percha, unas escaleras. La necesidad estimula el ingenio. Nuestro actual Rey, el muy-noble-Juan-Carlos, aprendía a dirigir el estado tutelado por un fascista. En las calles, los estudiantes corrían escapando de unas fuerzas de represión que vestían de gris, una perfecta metáfora del color predominante en aquella España. Hoy el gris también predomina, pero se ha instalado más arriba. Ya no cumple órdenes: ahora las da.

Llegó la muerte del dictador y con ella, dicen, se abrieron las ventanas del país. Empezó a correr el aire. Llegó la libertad. Todo cambió para que todo siguiera igual, como dijera Lampedussa por boca de Tancredi. La Iglesia, los burgueses o el Rey, por citar sólo a algunos, siguieron ahí. Pero todo había cambiado. Votábamos cada cuatro años. Teníamos una Constitución. ¡Éramos demócratas!

Se crearon los partidos políticos… Carrillo vendió al PCE. Felipe González y sus compinches, mandaron en el país durante más de una década. Eran, según decían, socialistas. De esos que privatizan empresas estatales para venderlas a sus amigos burgueses. De esos que crean grupos paramilitares para luchar contra los terroristas. Luego llegó Aznar, el neocón, el delfín de Fraga, ese que dijo que la calle era suya. Se trajo la lección bien aprendida:  acabó el trabajo empezado por Felipe y cía, creó una burbuja inmobiliaria y, por obra y gracia del marketing, se convirtió en el mejor presidente de la historia de España. Con él había trabajo. Con él, la gente prosperaba. Con él, yo no tuve que ir a la “mili”. Después llego ZP, el gris paradigmático. Ahora está Rajoy: un gris más turbio.

Perdemos las conquistas de nuestros derechos. En breve, ellas volverán al extranjero a abortar, o se apañarán nuevamente con una percha. Los trabajadores mejor formados huirán hacia otros países donde el modelo económico que se persigue no sea Eurovegas. Seguirán siendo exiliados. Dijo mi abuelo una vez que la diferencia entre emigrar y exiliarse era que la primera se hacía en busca de una vida mejor y la segunda porque no había más alternativa. Hoy en España a un auxiliar administrativo se le pide una licenciatura en económicas, tres idiomas y disponibilidad horaria completa. A cambio, se le ofrecen 600 €. ¿De verdad somos todos iguales?

Esa España es la misma en la que los gestores del patrimonio público se lo llevan en sobres y la gran banca expulsa a personas de sus casas, aunque no tiene a quién vendérselas. Es la España en que un político puede comparar a una plataforma ciudadana como la PAH con terroristas y no tener que dimitir al día siguiente. Es la España en la que los grandes empresarios afirman sin el más mínimo rubor que  “viajando con el Monarca se cierran negocios muy lucrativos”. Que se lo digan a Iñaki.

Esa es la España en la que un cargo público sospechoso de corrupción se puede enrocar en su puesto, porque a los grandes padres de la Constitución se les olvidó -es un decir- idear un sistema eficaz para censurar a políticos indignos. La España que se ofrece a cambiar leyes y crear espacios jurídicos “ad hoc” para que un mafioso internacional como Sheldon Adelson venga aquí a traer su modelo de camareros y ludópatas. La España en que se pagan despidos simulados “en diferido”, como el fútbol.

La España, ya que estamos, en la que el Presidente del Tribunal Constitucional es afiliado del Partido Popular.

Es cierto que, en opinión de este humilde jurista que escribe, ser militante de base de un partido político no debería estar necesariamente reñido con ser Juez o Magistrado. Pero las opiniones son eso, opiniones, y las leyes, por muy prostituidas que estén, son leyes. Y la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional dice en su artículo 19 que “los miembros del Tribunal Constitucional tendrán las incompatibilidades propias de los miembros del Poder Judicial”. Y, de igual forma, el artículo 395 de la Ley Orgánica del Poder Judicial establece: “No podrán los Jueces o Magistrados pertenecer a partidos políticos o sindicatos o tener empleo al servicio de los mismos(…).”

El problema es otro. El problema es que esa Constitución y ese cuerpo legislativo huelen a rancio, a viejuno. El problema es que el nombramiento de Magistrados por parte del Poder Legislativo suena raro a cualquiera que entienda el concepto “división de poderes”. El problema es que este Estado de Derecho, a fuerza de retorcer sus conceptos básicos, cada vez es más Mafia de Derecho. El problema es que giramos hacia una nueva forma de Estado: formalmente democrático, sí, pero materialmente absolutista. El problema es que un personaje de la baja estofa moral de Luis Bárcenas se convierte, por comparación con sus socios, en un ser menos despreciable. El problema son las estructuras: el sistema D´Hondt, la carencia de herramientas reales para que la ciudadanía controle al poder, el hecho de que los ex gobernantes se conviertan, sistemáticamente, en consejeros de grandes empresas y, por desgracia, un larguísimo etcétera.

El problema, en resumen, es que la orquesta está tocando la última canción y, no se sabe si por desgaste o desvergüenza, el régimen ha decidido dejar caer su disfraz democrático.

El problema es ese olor enfermizo, como a fascismo, que lo impregna todo.

El problema, al final, es ese macabro sentido del humor que tiene la historia.

(La imagen la he cogido prestada de la web de ASSSEM, que podéis visitar clickando aquí.)

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