Morgan´s

Melancholia: Un 8, aunque no sé por qué.

In Críticas, Destripando libros y pelis on 8 julio, 2013 at 19:24

Melancholia_02Voy a empezar citando a Tote King: “progres, me tocáis la polla”.

Tenía ganas de ver Melancholia aunque nunca encontraba el momento para hacerlo. Me suele pasar con el cine intelectualoide, que me temo que vaya a superar mi entendimiento de simple mortal y a dejarme con la sensación de haber tirado dos horas de vida a la basura, así que siempre encuentro una excusa para aplazar su visionado. Con esta obra de Lars Von Trier, me he superado a mi mismo: casi 2 años me han hecho falta para verla desde que la descargué, un récord personal.

Lars Von Trier es un personaje que no me cae ni bien ni mal. Pero volviendo a mentar a Tote King, me toca la polla. Vale, “Dogville” es una obra de arte y “Dancer inthe Dark” una gran película en la que ni la música de Björk consigue predisponerme en contra. “Los idiotas” es una película curiosa y, en cierto modo, revolucionaria en las formas, que no en el fondo. “Rompiendo las olas” la tengo ahí, entre las cosas pendientes, por más que me dicen que es una grandísima película. Y luego está “Antichrist”, la mierda más sobrevalorada que haya visto en años, polémica de manera artificial y horriblemente resuelta (¿de verdad es un primer plano del cipote de Willem Dafoe metiéndose en el coño de su mujer algo tan provocador?, por mucha música clásica que suene de fondo…).

Lars, amigo mío, te molas demasiado. Y se te nota. Intentas hacer que cada plano de tus películas sea poesía, trascendencia, rebelión. Y, compañeiro… a veces una tía meando en un agujero de golf no es nada más que una escena mala y sin sentido, por mucho que la firmes tú.

En fin, a lo que vamos… Melancholia.

El argumento de la película se resume de la siguiente manera: el planeta Melancholia viene hacia la Tierra y existe la posibilidad de que choque contra el nuestro. En lugar de ver una peli de catástrofes, con muchos efectos y frases chorras, vamos a ver qué ocurre desde una perspectiva intimista. Así, el punto de partida es un prólogo larguísimo lleno de imágenes delirantes y muy estáticas, algunas de las cuales poseen una fuerza y un carácter incuestionables que ya nos dejan claro que esto va a terminar mal. Son cerca de diez minutos viendo postales oníricas y desasosegantes, mientras de fondo suena música de Wagner. Gustará o no, pero es irreprochable.

El prólogo termina y empieza la primera parte de la trama: Justine (Kirsten Dunst) se va a casar. Lo que de partida parece una boda de lujo entre un par de jóvenes lozanos y muy guapetones que se adoran y están enamoradísimos irá revelando poco a poco una familia desestructurada, con gravísimos -aunque indefinidos- problemas entre ellos. La guapísima Justine, según iremos viendo, tiene algún cablecillo en la cabeza que hace mal contacto y, sin saber muy bien por qué, empezará a hacer cosas rarísimas.

De esta primera parte, sólo hay dos cosas que no son absolutamente prescindibles: el hecho de que desaparezca un planeta en el cielo y la dificultad que tiene Justine para entenderse con su hermana. El resto, paja, paja y más paja que no tiene mucho sentido aquí, salvo el de extender el metraje de la película más allá de las dos horas. Sí, los actores que salen están muy bien y es cierto que se insinúan muchas subtramas y conflictos, pero ese es también el problema: que se insinúan y, como la película no va de familias desestructuradas, no se resuelven de una manera coherente. Uno, al menos yo, tiene la sensación de que todo ocurre de una manera muy atropellada y de que las situaciones son demasiado forzadas, tanto las escenas de falsa felicidad como los conflictos más desgarrados. Uno no puede dejar de preguntarse qué pintan actores como John Hurt, Charlotte Rampling o Stellan Skarsgård en medio de todo esto. En ciertos momentos, parece que ellos se preguntan lo mismo.

Así, tras haberse puesto y quitado el vestido de novia más de cuatro veces, de mearse en un campo de golf y de follarse a un tonto que pasaba por allí, Lars considera que ya ha pintado claramente el personaje de Kirsten Dunst y se termina la boda. Aplauden los “gafapasta”.

Pasamos a continuación al Acto dos, y aquí la cosa mejora. Justine está ya claramente desequilibrada y ya es un hecho que Melancholia viene hacia la tierra. Según intuimos, ha pasado poco tiempo desde la boda y, en una crisis nerviosa, Justine acaba pidiendo a su hermana que la acoja unos días en su palacete. La hermana, Claire -Charlotte Gainsbourg-, está casada con Kiefer Shuterland quien además de millonario es aficcionado a la astronomía. Los tonos cálidos y pastel de la primera parte de la cinta desaparecen y dejan paso a unos filtros fríos y muy acordes al título de la película, que consiguen crear esa sensación en el espectador y, además, dan algunos momentos de gran plasticidad y belleza -pienso, por ejemplo, en la escena en que la Dunst mira al cielo en pelota picada junto al río (bonitas tetas, por cierto)- que se ven acompañados por las actuaciones de las dos hermanas, ambas muy notables. Kiefer Shuterland ejerce de convidado de piedra, un papel de figurante cuya única aportación a la película es “el planeta no va a chocar con la tierra ni de coña, he hecho los cálculos… ¡hostia, me equivoqué!”. El hijo de Shuterland y Gainsbourg, Leo, está también inconmensurable, aportando un toque de ingenuidad e inocencia en una película demasiado oscura y desesperanzada por momentos.

Al final, un precioso epílogo, tan conmovedor como visualmente bello.

Y luego la oscuridad de los créditos.

Y me quedo sentado durante cosa de 10 minutos pensando en lo que acabo de ver. En si lo he entendido. En si Lars Von Trier es un genio incomprendido o sólo un cineasta pedante demasiado pagado de si mismo. En si me estaré volviendo tonto con los años… en qué coño pinta la parte de la boda en esta película.

Al final, llego a la conclusión de que el problema es que no soy lo bastante gafapasta para fliparlo con cualquier cosa que dé Von Trier y que muchas de sus supuestas aptitudes para revolucionar el cine son simplemente grandilocuencia y la chulería de un “planto una boda aquí sin mucho sentido, la hago durar 45 minutos y me quedo tan a gusto. Porque soy Von Trier y vosotros, pobres mortales, fliparéis”.

Reconozco que el prólogo es muy potente y la segunda parte me pegó su tristeza, su melancolía, su incomunicación. De igual modo, no sé si he entendido todos los matices que debía entender, porque la parte de la boda me chirría muchísimo. También me incomoda la excesiva duración, especialmente porque creo que mejoraría todo el conjunto si se hubieran ahorrado, nuevamente, la boda.

Pero esto es lo que pasa cuando uno se acerca a una película de Lars Von Trier, que nunca sabe cómo va a salir; a veces, deslumbrado. Otras, indignado. En ocasiones, confuso. Hay talento en el danés, pero también demasiado ego, demasiadas ganas de ser siempre revolucionario y dejarnos claro que él tiene otra forma de ver el cine.

Yo también: la de ver una película y saber si me ha parecido buena o mala y, sobretodo, por qué. A Melancholia le doy un 8, aunque me sobra casi media película, que me parece insufrible. ¿Será esta la magia de Lars? ¿O será que aún tengo mucho cine gafapasta que ver?

Progres, me tocáis la polla.

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