Morgan´s

Superman Begins (perdón por el topicazo)

In Críticas, Destripando libros y pelis on 25 junio, 2013 at 16:22

22187d7_cabeceraDejadme empezar por deciros que tengo una relación extraña de amor-odio con el personaje de Superman. Siempre me ha resultado demasiado cargante, demasiado irreal -cosa curiosa dicha por alguien que ha crecido leyendo X-men, Batman o Spiderman- y, sobretodo, demasiado buenista. No me gustan las películas de Christopher  Reeve, no me gustan los comics de Superman (os digo más, el único que he leído entero es el de “La muerte de Superman” y seguro que podéis imaginar el porqué), por supuesto no me gusta (más bien me pone los pelos de punta) la horrible “Superman Returns” y, en general, recelo de todo lo que me suena a tío de rojo y azul con una S en el pecho.

Y entonces llega Smallville.

A Smallville me aficciono en diciembre de 2006, mientras escribo poesía para tratar de superar un desengaño amoroso. Tengo la televisión puesta de fondo y en FOX, de madrugada, emiten tres o cuatro capítulos seguidos. Y resulta que el personaje me empieza a resultar más tolerable. Me sigue pareciendo un meapilas con demasiada poca maldad, pero me conquistan los secundarios que lo rodean: Chloe, los Kent, Lex y Lionel Luthor… y sobretodo me conquista una cosa: no lleva ese traje ridículo, aunque la mayor parte del tiempo vista de rojo y azul, en un guiño muy facilón pero muy bien resuelto. A Smallville le reconozco que siendo una serie para un público adolescente sabe volverse más y más oscura en cada temporada, incorporando algunos de los mejores arcos argumentales del superhéroe. También le reprocho que, pese a todo, me sigue dando la sensación de que sus guiones son demasiado ingenuos.

Y así llegamos a hace cosa de un año, cuando me entero que Zack Snyder (Sucker Punch, 300) está trabajando en una nueva película basada en el personaje y pienso “coño… otra mierda”. Luego leo que la producirá Christopher Nolan y, de repente, empieza a interesarme. No soy un “fanboy” de Nolan, de esos que piensan que es un genio visionario enviado a la tierra para guiarnos y explicarnos el sentido de la vida, aunque he visto y disfrutado todas sus películas y, sin duda, me parece un grandísimo director, su “Caballero Oscuro” me parece brillante y “Memento” y “Origen” dos obras maestras (tramposas, pero maestras). En resumen: que si veo el nombre de Nolan en una peli le doy una oportunidad.

Pues bien, ayer  tuve la ocasión de irme al cine y disfrutar este último “Hombre de Acero”. Y digo disfrutar porque aunque me parece una película bastante normalita, sus 143 minutos de metraje -menos 5 minutos que me perdí porque algún amigo llegó tarde- se me pasaron volando. Es el típico cine de verano, de consumo fácil y olvido rápido, más preocupado por lo visual que por lo argumental… Pero vamos por partes.

La película arranca en los últimos momentos de Kripton, el planeta de origen del superhombre. Años de explotación salvaje de los recursos naturales han condenado al planeta a la extinción y es entonces cuando el general Zod y algunos guerreros leales intentan un golpe de estado, lo que fuerza a Jor-El -el papá de Superman- a mandar a su hijo a la Tierra en una cápsula, llevando con él El Códice, una calavera que es bastante más que eso. Jor-El y Zod se enfrentan a hostia limpia y el malísimo general mata al bondadoso científico, que da su vida para ganar el tiempo necesario para que la cápsula en que viaja el niño pueda despegar. Al final, el orden se impone, el general Zod es encarcelado en la “Zona Fantasma” -lo que, irónicamente, lo salva de irse al carajo con el resto del planeta- y Kripton revienta en un espectáculo visual verdaderamente acojonante. Van 30 minutos de película y la cosa empieza bien.

Entramos entonces en una parte algo más densa: la que nos cuenta la vida y milagros del kriptoniano en la tierra. Lo vemos ya convertido en un adulto que vaga sin rumbo por el planeta Tierra, quizá buscándose a si mismo, quizá intentando pasar desapercibido (aunque si es esto último, tiene una forma rarísima de hacerlo, ya me entenderéis). En mi opinión esta es la parte más floja de la cinta, ya que no me convence la estructura narrativa construida sobre flashbacks en los que Clark Kent recuerda momentos concretos de su infancia. Todo me resulta artificial: desde los diálogos con su padre hasta el hecho de que un niño de 11 años lea a Platón. Además, adopta aquí la película un ambiente sombrío y crepuscular en el que abundan los filtros fríos y los diálogos “Nolanianos” (esos que parecen cargados de contenido y, generalmente, son sólo forma). Es casi una hora de metraje que no se hace en absoluto pesada, pues Snyder ha sido lo bastante hábil para dar una de cal y una de arena: cada planteamiento existencialista, sombrío y oscuro del personaje se resuelve con una escena muy dinámica, consiguiendo así una sensación de agilidad que supera, por ejemplo, a los Batman de Nolan (que en ocasiones lastran la acción con su exceso de seriedad y angustia vital, especialmente en la 3ª entrega) pero que, no obstante, se queda a medio camino entre la acción pura y ese pesimismo realista que parecen querer dar a los superhéroes de la factoría DC, sin llegar a convencer ni por un lado ni por otro.

Entonces, para el desenlace, llega el general Zod a la Tierra con ganas de liarla parda y la película echa a volar. Casi una hora de peleas, explosiones, destrucción, combates… de todo. El tono pausado de la parte central de la cinta se evapora repentinamente y el director pisa el acelerador a fondo. Edificios que se derrumban, naves espaciales que combaten contra cazas… gente que se cae desde las alturas para que Superman los recoja en el aire… de todo. Es un espectáculo visual abrumador al que quizá la única pega que se le pueda poner sea que en ocasiones, en las peleas especialmente, es tan rápida la acción que uno no llega a percibirla, un fallo muy llamativo en Snyder, que siempre se ha caracterizado por su uso del slow motion. Al final, claro está, todo se resuelve para bien, aún a costa de tener que pagar un precio por ello. Mientras no se espere más que entretenimiento esta parte es una delicia. Si se busca algo más, uno está en el sitio equivocado.

Al final un epílogo, tontorrón pero necesario, nos deja claro que Superman ha vuelto para quedarse y que, en los próximos años, tendremos más aventuras del hombre de acero.

Se encienden las luces del cine y yo ya he empezado a olvidarme de la película. ¿Me lo he pasado bien? Como un crío. ¿Me esperaba más? Sí y no: me esperaba más oscuridad, más sombras, más angustia… más Batman, por decirlo de alguna manera. Me habían vendido que el tono de la obra era similar al “Caballero Oscuro” de Nolan y no, ni de cerca. Pero me ha dado lo que, en el fondo, espero de una película sobre un tío con superfuerza y supervisión y superoído y supertodo: entretenimiento; así que paso por alto sus muchos defectos: esa parte central más pesada que profunda, esos diálogos llenos de topicazos, el hecho de que no me acabo de creer al malo ni sus planes, que Amy Adams es guapísima pero no tiene la más mínima química con Henry Cavill, algunas lagunas del guión (¿cómo coño sobrevivió el bebé Superman en la tierra si la atmósfera es tóxica para los kriptonianos?, por ejemplo) y un largo etcétera… y me quedo con el entretenimiento, con el hecho de que han pasado 143 minutos y ni me he enterado.

A veces es más que suficiente.

Hay un último detalle en todo esto que me enerva un poco: es la escena en la que Superman va a confesarse. El paralelismo que se plantea entre Jesucristo y el Kriptoniano (que hasta tiene 33 años) me chirría muchísimo. Por burdo y por innecesario. ¿De verdad no había una metáfora mejor? ¿Qué pretende decirnos esta parte? ¿Es Superman un nuevo mesías o Jesucristo un extraterrestre? ¿Esto está aquí para contentar a los ateos o a los creyentes? Yo milito en el primer grupo y a mí me ha parecido horrible, tanto que he sentido la necesidad de dedicarle unas líneas.

Quizá tiene razón Juan Carlos Monedero cuando dice que el cine es un instrumento de adoctrinamiento de las masas (y curiosamente usa “El caballero oscuro 3” como ejemplo). Habría que preguntarse entonces cuál es el mensaje oculto en este Superman… pero es verano, hace demasiado calor y la pirotecnia de la película me ha dejado agotado, así que por una vez… no hablemos de política.

(La imagen, por cierto, la he cogido prestada de la web de Cinemanía)

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