Morgan´s

El pequeño colibrí.

In Actualidad, Política on 1 junio, 2013 at 15:17

DSC_0199Cuando desperté esta mañana no tenía muchas ganas de ir a la manifestación contra la Troika. Mis intentos de los últimos días de reclutar compañeros y amigos para acompañarme habían tenido un éxito escaso, así que me encontré tirado en la cama, en la penumbra de mi habitación, pensando que ayer me había acostado tarde y que si no iba, tampoco pasaría nada. Al fin y al cabo, y citando a los Pink Floyd, yo sólo soy “otro ladrillo en el muro” y, por desgracia, a la Troika le importa un carajo la manifestación. El pesimismo de la inteligencia, en palabras de Gramsci.

Entonces me acordé de una historia que le escuché al profesor Juan Carlos Monedero en la primera Asamblea Nacional del Frente Cívico Somos Mayoría:

“En la selva se desató un pavoroso incendio, algo terrible, monstruoso. Los animales, al verlo, echaron a correr despavoridos buscando un sitio en el que ponerse a salvo. Todos corrían: el fiero león, la histriónica hiena, el ágil guepardo, la estilizada jirafa… todos. En el medio, iba también un pequeño colibrí.

De pronto, al pasar junto a un río, el pequeño colibrí se detuvo y miró hacia atrás. Las llamas devoraban los árboles a una velocidad de vértigo, el aire era caliente, pesado, lleno de ceniza y de los sonidos de los aterrorizados animales. El colibrí se acercó al río y cogió una gota de agua en su pico. A continuación, emprendió el vuelo de nuevo, esta vez hacia las llamas.

El elefante, al ver pasar al pequeño colibrí se sorprendió y le dijo con su voz grave y profunda: “¿Qué haces, loco? ¿Crees que puedes apagar el fuego tú solo? ¡Huye y ponte a salvo!

El pequeño colibrí, aleteando a gran velocidad le respondió: “Ya, pero yo voy a hacer mi parte”.”

Y así lo hice yo también. Tras una ducha rápida, me armé con mi cámara de fotos y salí hacia Plaza de España para unirme a la manifestación. Para hacer mi parte.

Al llegar, vi que éramos muy pocos, no creo que más de doscientas o trescientas personas. Las banderas republicanas ondeaban alrededor de la Fuente de los Caballos, que lucía unas camisetas con los colores del RC Celta; los diferentes colectivos se agrupaban entorno a sus colores: la PAH, ANOVA, Izquierda Anticapitalista, CNT… Me sorprendió no ver ninguna enseña del PP o del PSOE. Estarían muy ocupados, supongo, porque es bien sabido que ellos siempre están al lado del pueblo.

La manifestación discurrió con tranquilidad, sin incidente alguno. Se notaba la indignación en los comentarios de la gente, en las conversaciones que pude ir captando mientras me movía de un lado a otro buscando alguna toma lo bastante creativa para maquillar mi escasa habilidad con la cámara. Las proclamas, coreadas por muchos a voz en grito, iban de lo cabreado a lo humorístico. Se notaba buen rollo en el ambiente, una especie de unión moral entre todos los presentes para que “las lágrimas no nos impidieran ver el Sol”, como dice el refrán. Así, entre “Urdangarín, que trabaje en Burguer King” y “No es una crisis, es un atraco”, recorrimos algunas de las principales calles de la ciudad, pasando por delante de los más emblemáticos monumentos vigueses, todos ellos engalanados con los colores de nuestro equipo de fútbol. De hecho, no sabría deciros si El Sireno, engalanado con su camiseta celeste con el número 12 -la aficción, que hoy será tan importante como los 11 jugadores- nos guiñó un ojo al pasar o es que el pobre es así de feo.

El momento más emocionante fue cuando, al llegar al cruce de Colón con García Barbón y Policarpo Sanza, donde están las ofinas centrales de los cuatro grandes bancos, los mienbros de la PAH formaron un corrillo y, cogidos de la mano, corearon eslóganes como “Estos cuatro, son los culpables”.

Al final, como siempre, en la Puerta del Sol se leyó un manifiesto contra la dictadura del capital y en apoyo al pueblo que sufre las consecuencias de las políticas del capitalismo más salvaje. Después, entre aplausos, nos dispersamos.

Me alegro de haber ido a hacer mi parte. Me apena que no fuera una manifestación tan multitudinaria como otras que hemos vivido en esta ciudad de historia obrera y orgullo de clase, pero habrá otras. Y seremos más. Como gramscista, sé que no debemos ceder al pesimismo de la inteligencia, sino que debemos llevarnos por el optimismo de la voluntad. Seguiremos luchando. Mientras podamos, lo haremos. Y quizá, si algún día ya no podemos, sigamos haciéndolo. Los gallegos, los obreros en general, somos muy obstinados.

Y quizá, poco a poco, todos entendamos que no se trata de que luchen unos cuantos por nosotros y que, como el pequeño colibrí, decidamos ponernos a hacer cada uno nuestra parte.

Ahora ya, sólo nos queda esperar a que esta noche el Celta de Vigo haga su parte y nos deje en primera división otro año.

¿Y qué pinta el Celta en esto? -os estaréis preguntando algunos.-

Es un equipo como la ciudad: obrero, sufridor, digno… y de izquierdas. No hemos querido a Salvador Ballesta como segundo entrenador porque simpatizaba con el fascismo. Y a mí, aunque no me arreglen nada, estos símbolos me llenan de orgullo.

¡A por ellos!

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