Morgan´s

Señor Disney, es usted un cabrón.

In Actualidad, Entretenimiento on 5 abril, 2013 at 16:27

lucasarts-personajes-de-videojuegosCalculo que tendría yo unos 12 años más o menos cuando un amigo me invitó a su casa, como tantas otras veces, para disfrutar una tarde juntos probando videojuegos. Fui encantado, faltaría más: el friki que llevo dentro ya apuntaba maneras a esa edad.

Aunque habían sido muchas las veces en que mi amigo y yo nos habíamos reunido para darnos al entretenimiento digital, recuerdo aquella de una manera especial. Cuando entré por la puerta de su casa, se encontraba sentado frente a una televisión de 14 pulgadas y jugaba a un extraño juego con gráficos pintorescos que ocupaban más o menos la mitad superior de la pantalla mientras que, en la mitad inferior, se podían leer algunos verbos en infinitivo.

“¿Qué haces?” -pregunté.

“Jugar al Maniac Mansion” -respondió mi amigo, como si fuera la cosa más normal del mundo y yo un perfecto analfabeto.-

“Ah… ¿y eso qué es? -insistí yo.

“Una aventura gráfica” -dijo él con tono prepotente, como cansado de mi ignorancia.-

“Ah, muy bien.”

La conversación no dió mucho más de sí. Nos enfrascamos con varios juegos y, supongo, pasamos una tarde de lo más amena.

Pasaron un par de años sin que yo me acordase para nada de aquella historia de la “aventura gráfica” hasta que un día, en casa de otro amigo, pude ver un juego que me impactó: era el típico simulador de vuelo… ¡pero con naves de “La Guerra de las Galaxias”. Se jugaba con un joystick ¡y con el teclado!, en una especie de infierno de teclas que pulsar para controlar los escudos, la energía, las armas, la velocidad y un largo etcétera de parámetros de la nave. Y al acabar cada misión, te imponían unas medallitas en tu uniforme de soldado rebelde.

Fue amor a primera vista. Tanto que cuando mis padres hicieron un esfuerzo sobrehumano para comprarme el primer pc, fue el primer juego que tuve. Aquella maravilla se titulaba “X-wing” y aún hoy, unos 20 años después, sigue estando en mi top 10 de videojuegos favoritos.

Al poco tiempo llegaron a mis manos otros juegos con nombres hoy legendarios: Monkey Island (I y II), Sam & Max, El Día del Tentáculo y un largo etcétera de títulos que me dieron infinidad de horas de diversión. El denominador común entre todos ellos era la compañía que los desarrollaba: Lucas Arts, la división de ocio digital del todopoderoso George Lucas.

Es por eso que ayer, al leer en un periódico digital que Disney había echado el cierre a Lucas Arts definitivamente me sentí algo triste. Es cierto que hacía muchos años que Lucas Arts no nos daba una obra a la altura de los clásicos que he mencionado y que, según parece, sus costes estructurales no justificaban -desde un punto de vista empresarial- mantener abierta dicha división, pero no es menos cierto que me dolió leerlo. Fue como pasar una página de mi historia personal, como envejecer un poco de golpe. Ayudó a ello, claro está, tomar conciencia de que han pasado casi dos décadas desde que llorábamos de risa con los amigos comentando que en el “Day of the Tentacle” había que lavar el coche para hacer llover… “porque no falla, cuando lavo el coche, llueve”, desde que el duro protagonista de “Full Throttle” me conquistara con aquella primera frase, tan chorra y tan melancólica, “Whenever I smell asfault, I always think of Maureen” (Cada vez que huelo el asfalto, me acuerdo de Maureen)  o desde que había cerrado el grifo de una catarata de agua usando un mono como llave inglesa… o desde que me había metido en la piel de Manny Calavera, una especie de Humprey Bogart del mundo de los muertos en la maravillosa “Grim Fandango”.

Todos esos recuerdos se han quedado ya en eso, en recuerdos. El plan de Disney es externalizar las producciones digitales, licenciando a terceros desarrolladores sus creaciones. Seguramente saldrán grandes cosas (al fin y al cabo, los mejores juegos del universo Star Wars que han salido al mercado recientemente han sido todos desarrollados por estudios ajenos a la propia Lucas, por no mencionar los remakes en HD de sus clásicos Monkey Island II o Sam & Max), pero no será lo mismo. Ya no serán aventuras “De Lucas”. Serán cojonudas, seguro… pero faltará algo.

Así que, señor Disney, aunque su decisión es totalmente lógica, es usted un cabrón. Que lo sepa. En el mundo empresarial uno no debe dejarse llevar por sentimentalismos, cierto es. Pero lo que usted ha hecho es el equivalente a mandar al abuelo al asilo cuando ya no puede siquiera valerse por si mismo. Va a ser cierto que las corporaciones empresariales presentan tendencias psicopáticas, como decían en el documental.

Menos mal que siempre nos quedarán los emuladores y, con ellos, siempre tendremos a Manny, Ben, Guybrush o Bernard cerca.

Aún así, usted, Sr. Disney, seguirá siendo un cabrón. Se lo digo “sin acritú”, eso sí.

Bueno, no… algo de “acritú” le tengo, no le voy a mentir.

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