Morgan´s

“El pueblo no debería temer a sus gobernantes…”

In Actualidad, Política on 26 septiembre, 2012 at 16:09

El día 25 llegó y se fue. El país no ardió ni se resquebrajó -al menos, no más de lo que ya estaba-, nuestros políticos no fueron arrastrados por el suelo y ejecutados en las plazas públicas ni tampoco se asomó al balcón ninguna de las infantas. Ni Ansón ni Pedro J. gritaron “que nos los llevan” ni los “revolucionarios” acabaron fusilados ni pintados por Goya.

No… no pasó nada de eso.

Ayer no llegaron autobuses a la Carrera de San Jerónimo, ni se bajaron de ellos un grupo de guardias civiles armados comandados por un teniente “chusquero” que encajaría mejor en una viñeta de Ivá que en las Cortes. Nadie accedió al hemiciclo, nadie zarandeó a Gutiérrez Mellado y, desafortunadamente, Carrillo no pudo seguir sentado. Los tanques de la IIIª Región Militar siguieron en sus garajes y el Rey no salió en televisión de madrugada para darse un baño purificador en el Ganges de la Democracia.

No…

Ayer un grupo representativo de ciudadanos escenificó una protesta, un malestar general, una sensación de hartazgo por estar sufriendo las consecuencias de una crisis que no es atribuible a ellos. Y lo hizo mediante un gesto simbólico: rodear el Congreso, edificio que simboliza la esencia misma de la democracia aunque desde hace ya algunos años esa democracia suelte un tufillo bastante rancio.

Desde la noche anterior, fuerzas policiales habían desplegado ya un operativo que parecía sugerir que se esperaba una ocupación violenta del hemiciclo. Los medios de comunicación no hicieron más que alimentar la absurda sensación de peligro que desde las instituciones se nos había intentado vender. Todos los que seguimos las manifestaciones de ayer sabíamos que era cuestión de tiempo que cayera el primer palo y todo se saliera un poco de madre. Y así fue, pasó lo de siempre: en algún punto de la protesta, alguien intentó saltar una valla y la policía, reaccionó. O la policía provocó y luego alguien saltó una valla… es indiferente. Los politicuchos ya tenían su argumento para descalificar.

Y después, también lo típico… baile de cifras, cruce de reproches, unos criticando, otros sumándose a las manifestaciones y, mientras tanto, Soraya Saénz de Santamaría y Alfredo “P.” Rubalcaba nos hacían saber que temían por su integridad física y por ello iban a seguir en el Congreso hasta que se dispersara la manifestación. Pobrecillos… no sólo no confían en que esté garantizada su seguridad cuando están protegidos por la nada despreciable cantidad de mil quinientos policías si no que, además, tienen miedo a los ciudadanos. Curioso, ¿no? ¿Se imaginan ustedes a Obama o a George Bush encerrados en la Casa Blanca y diciendo “no salgo… no, no… tengo miedo”? Uno no sabe si provocan risa o pena…

Hoy me levanto de la cama leyendo que se va a procesar a los detenidos por “Delitos contra las Instituciones del Estado”, recogidos en el Capítulo III del Título XXI del vigente Código Penal y, como no recuerdo el contenido de dicho Capítulo, me voy a echarle un vistazo (enlace aquí) y me pregunto:

– ¿Cuándo intentó alguien “invadir” el Congreso “con fuerza o intimidación mientras este estaba reunido”?

– ¿Cómo “alteró el normal funcionamiento” del Congreso la manifestación de ayer?

– ¿Cuándo y cómo intentó alguien acceder al interior del edificio portando armas “u otros instrumentos peligrosos”?

– ¿A nadie le provoca un cierto pudor este ridículo intento de criminalizar una manifestación convocada por los medios legales previstos?

Hoy todos los políticos a los que he oído hablar tenían la boca llena de palabras como “legitimidad”, “capacidad de movilización”, “representatividad”. Alguien ha dicho que “el gobierno ha sido elegido democráticamente y, por tanto, lo de ayer es comparable a un golpe de estado”…

Pues mire, señora mía, la realidad es que no. Ni su gobierno ha sido elegido democráticamente, ya que concurrió a las elecciones con un programa electoral del que sólo ha cumplido con el color de las tapas, ni es legítimo, ya que ha mentido, ha engañado, ha tomado decisiones manifiestamente negativas para el interés general y ha convertido al pueblo en mulas de carga: aguantando lo que le echen, suplicando tener un buen amo y un poco de forraje que llevarse a la boca al final del día.

Eso sí es un golpe de estado, señora Cospedal. Lo de Tejero dicen que también, pero más burdo.

Lo de ayer fue un toque de atención. La lástima es que nuestra Constitución no incluya el “derecho y el deber de alzarse contra los que actúan contra el interés de la ciudadanía”, como la americana.

Pero lo evidente es que están preocupados y asustados. Ven al ciudadano como un enemigo, como una amenaza. Ayer, las protestas sirvieron para enseñar los dientes al poder, que pasó miedo. Hoy aún están temblando.

“El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo”. Parece que es cierto. Como sigan por el camino que han ido hasta ahora, más pronto que tarde tendremos la confirmación.

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