Morgan´s

La deuda odiosa.

In Actualidad, Política on 16 julio, 2012 at 18:43

¿Se imaginan que sus hijos pudieran ser encarcelados por los delitos que ustedes hubieran cometido?

¿Y que pudieran ser condenados a esclavitud por las deudas contraídas por ustedes?

Suena aterrador, ¿verdad?

Pues esto es justamente lo que estamos viviendo ahora mismo.

En nuestra mente de países “avanzados”, no caben estos conceptos. Nosotros tenemos derechos fundamentales recogidos en leyes, amparadas por constituciones promulgadas por gobiernos que han sido elegidos por medios democráticos y bla, bla, bla…

Pero tenemos las Deudas Soberanas, que son aquellas en las que los Estados incurren para financiar sus necesidades internas, pagar sus sueldos, llevar a cabo sus políticas y, en resumen, mantener la maquinaria del país funcionando. Dichas deudas son contraídas por un gobierno “X”, teóricamente legítimo -ya que un gobierno es legítimo cuando accede al poder y lo ejerce  cumpliendo los requisitos que los gobernados creen que debe tener para mandar y, desde este punto de vista, no sería legítimo un gobierno que concurre a las elecciones con un programa que luego no aplica (la práctica habitual en la vida política española)- y habitualmente tienen vencimientos extremadamente largos. En muchos casos, dichas deudas no pueden ser pagadas en el momento en que son exigibles, por tanto se refinancia dicha deuda -a un mayor interés, claro está- y todos tranquilos.

Con los plazos habituales de dichas financiaciones soberanas, una deuda y una refinanciación podrían suponer fácilmente 20 años en el tiempo… quizá incluso 30. En ese periodo, se habrá producido un cambio generacional en el país y a sus hijos les corresponderá pagar las deudas que “ustedes” -el gobierno que ustedes votaron- han generado. ¿Les va sonando?

Normalmente es en este punto donde el ciudadano medio -que no es economista y, por tanto, es capaz de pensar de manera humana- empieza a tomar conciencia de que algo está funcionando francamente mal en su país, aunque no sabe precisar el qué. Y en el momento que toma esta conciencia, castiga duramente a los supuestos culpables -lo que, en España, significa que vota “al otro partido”.- No satisfecho con eso, suele darle una suerte de Patente de Corso moderna llamada Mayoría Absoluta.

Es entonces cuando se produce la Tormenta Perfecta.

Como todos los estamentos políticos del país están construidos sobre el amiguismo y la corrupción, el gobierno entrante y su mayoría absoluta no van a actuar sobre las causas últimas del problema de la Deuda Soberana -lo que se llama el déficit estructural-, si no que van a tomar una serie de medidas que, en su gran mayoría, serán pan para hoy y hambre para mañana. O hambre para hoy y mañana, según se mire. O aún peor… se dedicarán a expoliar el país, pagándose favores unos a otros y gastando cantidades pornográficas de dinero de los contribuyentes en estupideces.

Ocurrirá, más pronto o más tarde, que los países no podrán asumir el coste de dichas deudas. Entonces  llegarán los “Hombres de Negro” -que no, no son los simpáticos personajes interpretados por Will Smith y Tommy Lee Jones- y tomarán el control de las finanzas del país, perdiendo este parte de su soberanía por motivos económicos. Si estuvieramos en la Edad Media, sería el equivalente a una invasión.

La pregunta que surge en este punto es bien sencilla: los que nos prestaron ese dinero que ahora no podemos devolver… ¿no sabían lo que hacían? ¿Desconocían los problemas estructurales de nuestro país “X”? ¿Fueron engañados por los gobiernos de nuestro país? ¿O -lo más probable- sabían perfectamente lo que hacían y no les importó el teórico riesgo puesto que los beneficios eran cuantiosos y, al fin y al cabo, si “X” no pudiera pagar le podría “embargar” el país?

Pues como respuesta a todas estas preguntas, existe un concepto en Derecho Internacional, acuñado por un jurista ruso que impartía clases en París allá por 1927 llamado “Deuda Odiosa”.  Según este jurista “si un poder despótico incurre en una deuda no por las necesidades o los intereses del Estado sino para otorgar mayor fuerza a su régimen despótico, para reprimir a la población que se le enfrenta, etc., esta deuda es odiosa para la población de todo el Estado. Esta deuda no es una obligación para la nación; es una deuda del régimen, una deuda personal del poder que la ha tomado, por lo tanto ésta cae con la caída del poder que la tomó. La razón por la que no se puede considerar que estas deudas odiosas graven el territorio del Estado es que dichas deudas no cumplen con una de las condiciones que determinan la legalidad de las deudas del Estado, que dice: las deudas del Estado deben ser tomadas y los fondos deben ser empleados para satisfacer la necesidades y los intereses del Estado.”

Y no, un aeropuerto peatonal o dar 400 € a cada español no satisface las necesidades ni los intereses del Estado.

La pregunta aquí sería si el poder ejercido por un gobierno elegido de forma democrática se puede considerar despótico. Mi teoría es que sí, puesto que si el gobierno falta a aquellas ideas que expuso en la campaña electoral adquiere el poder mediante la mentira y el engaño, siendo por tanto un gobierno carente de legitimidad y, más grave, con libertad para hacer y deshacer a su antojo, puesto que tiene una mayoría absoluta. Este gobierno, a su vez, vela por los intereses de ciertos colectivos, muy reducidos en número y que, de manera individual, nunca habrían alcanzado una cota suficiente de poder pero que ahora, gracias a la mentira del gobierno “X”, pueden hacer y deshacer a su antojo. Es una suerte de golpe de estado blando.

Ante estas situaciones, la “deuda odiosa” puede no pagarse. O se puede exprimir al contribuyente hasta que no dé más de sí. O se le puede pedir -mandar, diría yo- a los que han sacado cuantiosos beneficios que arrimen el hombro. O se puede negociar con los prestamistas un aplazamiento de deuda. O se puede hacer un mix de todo lo anterior y, de paso, exigir responsabilidades -civiles y penales- a los que las tengan.

Pero este recorte por la base, la destrucción del llamado Estado del Bienestar ante los intereses del capitalismo más salvaje no admite justificación alguna. Genera conflictividad social, genera desigualdades, injusticias… genera todo lo que, en teoría, no cabe en un estado moderno.

Quizá estemos volviendo al pasado. O quizá nunca hemos salido de él…

(La viñeta la he cogido prestada del blog de Antonio Maestre, al que podéis acceder aquí.)

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