Morgan´s

La Mosca.

In Críticas, Destripando libros y pelis on 30 mayo, 2012 at 16:25

Con esto del cambio de trabajo llevo unas cuantas noches acostándome tarde, principalmente debido a que me ha podido la chulería y he dicho “la web de la empresa la hago yo”… y resulta que la programación web es todo un universo. Así que mientras me peleo con el Dreamweaver y el Photoshop, pongo de fondo alguna película que haya visto mil veces, para que me haga compañía. Ayer puse “La Mosca”, la versión ochentera de David Cronenberg.

La Mosca es una película que, a nivel visual, no ha envejecido bien. Recuerdo cuando la vi por primera (y hasta ayer única) vez el desagrado que me produjo la criatura en la que poco a poco se va transformando el protagonista. Hasta tal punto la recordaba desagradable que tardé más de 15 años en volver a verla. También recordaba que era una película de desarrollo lento y con una historia que no me había seducido todo lo necesario para volver a ella tantas veces como he vuelto a otras pelis de la época (pienso por ejemplo en “Hidden”, que debo haber visto más de 10 veces). No me malinterpretéis: hay en esta película muchas escenas que siguen provocando un cierto malestar estomacal, y me atrevo a decir que, pese a los años, no es una película para estómagos sensibles o impresionables, aunque no impacte ni cause el pavor que causaba hace 26 años.

Ayer, para mi sorpresa, el desagrado se convirtió en una sonrisa cómplice al ver los meritorios efectos especiales pero por encima de todo la mejor sorpresa fue poder ver con ojos de adulto una obra que tenía archivada con la visión de un niño. Y descubrir, gracias a ello, una maravillosa película sobre la ambición los riesgos del progreso, el sexo y el amor. Así, todo junto.

Seth Brundle es un científico brillante que, en una fiesta, conoce a Verónica, una periodista de una famosa revista científica. Brundle ha inventado un par de máquinas que le permiten teleportar objetos de una a otra. El avance científico del siglo tiene una pequeña carencia: no puede teleportar organismos vivos. Los resultados, en la prueba que Brundle lleva a cabo, son escalofriantes. El científico y la periodista inician una relación amorosa que sirve a Seth como fuente de inspiración para conseguir mejorar su invento. Borracho de celos, Brundle decide probar si la máquina funciona bien teleportándose él mismo. Una mosca se cuela en la máquina a la vez que él… y los resultados serán verdaderamente impredecibles.

Con este argumento, Cronenberg nos invita a acompañar a Seth Brundle en su descenso a los infiernos, recordándonos por el camino que el amor es libertador del espíritu humano, que puede llevar a cualquier persona a desarrollar al máximo su potencial y sacar lo mejor de cada individuo… pero también que toda cara tiene una cruz, y el amor puede acabar por destruirnos.

Todos los signos de identidad de una película de Cronenberg están en “La Mosca”: la pérdida de la identidad, la mutación -física y mental-, el sexo, la evolución… y todos ellos están encajados a la perfección en una película que dura poco más de 90 minutos. Es una lástima que ni Jeff Goldblum (un actor que siempre me ha caído simpático pese a sus carencias) ni Geena Davis supieran dar a sus personajes ese punto adicional de dramatismo que habría beneficiado muchísimo al conjunto de la obra -ya que, prácticamente, la película se construye sobre ellos dos y el editor de la periodista-. Al no hacerlo, tenemos una buena película de ciencia ficción “con bichos”, pero se pasa un poco de puntillas sobre el verdadero trasfondo de la película: las virtudes y peligros del amor y el sexo.

El que se acerque a La Mosca por primera vez, que lo haga con ese cariño con el que nos acercamos al cine de antes, especialmente a la ciencia ficción. Sabemos que las técnicas han avanzado muchísimo y lo que una vez fue una revolución visual hoy nos provoca una sonrisa cómplice. Pero el que se acerque buscando un drama sobre la verdadera naturaleza del ser humano, encontrará aquí una interesante propuesta.

Me gustaría señalar dos escenas para acabar esta reseña: primero, el arranque de la película, esa fiesta en la que Seth y Verónica juegan, sin saberlo aún, el juego de la seducción. Es muy divertida gracias al contraste entre los dos personajes -la mujer de mundo y el “friki” de laboratorio-. La segunda, la escena final con la escopeta. No puedo decir más para no contaros nada importante.🙂

Espero que, si no la conocíais, la veáis y os guste. Y si os acercáis de nuevo a ella, hacedlo con el cariño con el que se ven las películas de antes. Os devolverá 92 minutos francamente interesantes.

(La imagen la he cogido prestada de www.screened.com, a quienes doy las gracias por cedérmela.)

  1. Tendré que ver esta película pronto.

  2. Todavía tiene su encanto, un poco añeja, pero estas cosas siempre traen buenos recuerdos.

    Un saludo

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