Morgan´s

Un precio demasiado alto…

In Actualidad, Política on 29 enero, 2012 at 23:58

Nunca me ha gustado Baltasar Garzón. Es justo lo contrario de lo que a mi entender ha de ser un juez: mediático, oportunista y politizado. Desde que era pequeño lo recuerdo metido en la gran mayoría de los juicios más sonados de este país.

Después, recuerdo que fue candidato en las listas del PSOE, y debió tener algún desencuentro importante con Felipe González, ya que a partir de ahí se enfrascó en el juicio contra los GAL. Casos como el famoso Nécora contra los narcos gallegos o el caso Pinochet se alzan como los grandes hitos en la biografía de este juez.

Ahora, Garzón se sienta en el banquillo de los acusados no por uno, sino por tres supuestos delitos o irregularidades: las escuchas de la Gürtel, el juicio a los crímenes del franquismo y el supuesto cobro de comisiones o emolumentos por unos cursos impartidos en Nueva York.

Siempre he creído que el que la haga, tendrá que pagarla. Antes o después. Es difícil seguir creyendo en esta máxima cuando uno ve resoluciones como la del llamado “Juicio de los Trajes”, en el que el irritante (por no ser ofensivo) Francisco Camps se va de rositas porque se usó un jurado popular para resolver un caso que hasta a mí (que tengo formación jurídica) me parece complejo. En lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que un juez profesional no habría absuelto al expresidente valenciano.

Pero lo dicho, mientras Camps sale a la calle con su cínica sonrisa, Garzón es enjuiciado por haber juzgado los crímenes franquistas. Sin intención de hacer aquí un análisis jurídico en profundidad, el que suscribe cree que en este caso concreto, el célebre juez no ha cometido infracción alguna, habida cuenta que los crímenes contra la humanidad, según Naciones Unidas, no prescriben jamás. También llama la atención que el instructor de dicho caso, Luciano Varela, indicase a la acusación particular -nada menos que de las JONS- cómo redactar el escrito de demanda contra Garzón. Un esperpento, vamos, en el que la (in)justicia se pone al servicio de la política.

El tema de las escuchas de la Gürtel no es mucho mejor. Garzón está siendo juzgado por autorizar unas escuchas que han sido avaladas por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid. Curiosamente, uno de los que lo enjuician es Manuel Marchena, al que no le dolieron prendas en archivar una causa contra Josep Piqué, ex ministro aznarista, por su supuesta implicación con el asunto de “ERCROS”, una de las empresas vinculadas a la trama del caso De la Rosa. Lo que más llama la atención es que no es la primera vez que unas escuchas se rechazan como prueba en una causa, pero es inédito ver al juez que las autoriza sentado en el banquillo de los acusados por ello…

Y la tercera causa, los famosos cursos de Nueva York. Y nuevamente, el juez Marchena sale a la palestra, esta vez como instructor. En su planteamiento original, Garzón era culpable de prevaricación. Al final, acaba enjuiciado por cohecho impropio. Digo yo que lo suyo sería llevarle al mismo jurado popular que acaba de absolver a Camps.

Lo malo de todo esto no es que Garzón pase por el banquillo de los acusados, ya que como dije al principio, el que la haga, que la pague y si Garzón es culpable de algo, es deseable que pague por ello. Lo malo de todo esto es que la justicia española se está convirtiendo en una mala parodia de si misma, un chiste ridículo en el que los jueces que tocan las narices al poder se pueden quitar de en medio con una campaña de desprestigio y cuatro causas llevadas por los cuatro amigos de turno… un despropósito digno de una república bananera.

Hoy tomando un café con una amiga, me justificaba todo esto con el argumento de que meterse en política tiene un precio y que Garzón lo está pagando… yo, en cambio, creo que el precio lo estamos pagando todos. Y es un precio demasiado alto: la credibilidad de nuestro sistema de justicia. Seamos sensatos con lo que defendemos. De lo contrario, puede que un día, quizá no lejano, nos arrepintamos.

(La viñeta que acompaña la entrada es un dibujo de Manel Fontdevila, el famoso dibujante de “El Jueves”).

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