Morgan´s

Capítulo II.

In Novela on 21 enero, 2012 at 17:40

24 de Diciembre de 2023.

Nunca me gustó la Navidad, supongo que porque no compartía esa falsa sensación de hermanamiento que parecía aquejar a todo el mundo en tales fechas, aunque también es posible que fuera porque nunca me creí nada de la mitología religiosa que daba origen a la celebración. Nunca me habría imaginado que acabaría echándola de menos.

En fin, hoy es día de Nochebuena y estoy sentado en las ruinas de lo que una vez fue un piso, un hogar, escribiendo a la luz de una vela casi completamente consumida. En la calle hace frío, mucho frío, y la calefacción es un recuerdo de otra época. Tengo una manta raída echada sobre los hombros para darme un poco de calor y una pistola en el suelo, al alcance de la mano, por si la Nueva Seguridad apareciera en una de sus redadas sorpresa. Junto a mí, hay otras cuatro personas, tres hombres y una anciana. La buena de la mujer está enferma y, a juzgar por cómo tose, creo que no llegará a ver el año nuevo. Me produce una gran compasión, y una sensación horrible de impotencia saber que no hay nada que pueda hacer para ayudarla.

Mientras escribo, uno de los hombres hace guardia. Otro intenta calentar un poco de sopa para que la mujer pueda, al menos, comer algo caliente. El tercero duerme en una esquina. Salvo la anciana, todos van armados. En un par de horas, el que hace guardia se echará a dormir y será relevado por el que ahora duerme. Después será mi turno y, horas después, me sustituirá el que está cuidando a la anciana. La verdad es que no creo que la Nueva Seguridad haga redadas esta noche. Estarán ocupados celebrando la Navidad en su parte de la ciudad, disfrutando de esa vida que los que vivimos en la Zona Exterior ya solamente podemos recordar… pero como en esta Nueva España, para seguir vivo uno tiene que estar constantemente alerta, es mejor no confiarse.

No sé si alguien leerá esto alguna vez. Tampoco sé si quién lo lea habrá vivido lo suficiente para saber cómo empezó esta situación, por lo que voy a intentar hacer un poco de historia. No soy periodista ni historiador. Tampoco economista. Espero, pese a todo, ser capaz de explicar de una manera comprensible los hechos que nos llevaron hasta aquí…

Todo empezó con una crisis. Para algunos, era económica. Para otros, moral. Para la mayoría, simplemente, era un suplicio.

La Vieja España había vivido, a principios del siglo XXI, uno de los momentos de mayor crecimiento económico que se recuerdan en la historia moderna. Por todas partes florecían construcciones mastodónticas, cada vez se veían menos coches viejos en las calles y la gran mayoría de la población encontraba trabajo al poco de empezar a buscarlo. Nuestras entidades bancarias se frotaban las manos con el grandísimo negocio que estaban haciendo gracias al endeudamiento paulatino de los ciudadanos. Se concedían hipotecas a diestro y siniestro, porque no importaba demasiado qué ocurría si el hipotecado no podía devolver el capital prestado: con unos precios de la vivienda en constante alza, la inversión en ladrillo parecía ser la más segura de todas las inversiones… y si había problemas para pagar no importaba… se vendía el bien y hasta se ganaban unos eurillos. Todo iba sobre ruedas.

En el resto del mundo, la cosa iba más o menos por el mismo camino. Según me contó un amigo economista, estábamos viviendo un “ciclo económico expansivo”. Nunca tuve muy claro qué significaba exactamente eso, pero sonaba de puta madre. “Pero ojo –añadió mi amigo a continuación- siempre después de un ciclo expansivo, viene una crisis”.

Y así fue… llegó la crisis. La prensa de la época parecía fijar el detonante de la misma en la quiebra de una importante compañía americana de inversiones. Dicha quiebra destapó un hecho que puso a todos los bancos del mundo en jaque: había una gran cantidad de préstamos concedidos a personas que no iban a poder devolverlos; y lo que es peor: se habían creado productos de inversión compuestos –entre otros activos- por dichos préstamos y dichos productos se habían vendido entre los bancos a nivel internacional.

¿Qué ocurrió? Que los bancos empezaron a desconfiar unos de otros, y dejaron de prestarse dinero. Esto tuvo una consecuencia que fue directamente al bolsillo del ciudadano: sus préstamos, hasta entonces baratos, comenzaron a encarecerse. Ya no era tan fácil acceder a un préstamo: los bancos comenzaron a estudiar con más diligencia a sus clientes y comenzaron a rechazar operaciones. De forma simultánea, comenzaron también los problemas de pago de muchos ciudadanos.

El “ciclo económico expansivo” tenía los pies de barro y estaba empezando a llover.

Pasó lo lógico: los ciudadanos dejaron de gastar con tanta alegría y bajó el consumo. Con la bajada del consumo, empezaron los despidos en las empresas, porque ya no se compraba tanto y, por ende, había que producir menos. Además, las empresas comenzaron a tener problemas para obtener financiación para seguir creciendo. Aumentaron los despidos. La construcción, verdadero motor del crecimiento económico experimentado por la Vieja España, se paró en seco. En poco tiempo, la tasa de desempleo alcanzó casi una cuarta parte de la población total del país.

El gobierno de la época, tras vendernos a todos durante un par de años que en España no había crisis alguna, tuvo que acabar por reconocer lo evidente: estábamos jodidos. En ese punto, trató de minorar los efectos de la situación mediante un aumento del gasto público, es decir, invirtiendo dinero para volver a poner en marcha la máquina económica que se había estancado –“keynesianismo” le llamó mi amigo el economista.- Los resultados fueron, en el mejor de los casos, discretos. La situación, en lugar de ir a mejor, siguió empeorando, y por todo el país comenzó a extenderse la sensación de que los que mandaban no tenían ni idea de hacia dónde encarrilar a la Vieja España.

Fue entonces cuando entraron en escena “los mercados”. La primera vez que el ciudadano de a pie tuvo conciencia de su existencia fue cuando se hizo público que Grecia podía tener problemas para pagar sus deudas. A partir de ahí, los estados europeos empezaron a sufrir un chantaje lento pero inexorable de los inversores –para algunos- o los especuladores –para otros- internacionales. La crisis de confianza había llegado también a los gobiernos de la Vieja Europa. Los que mandaban, principalmente franceses y alemanes, tuvieron muchas reuniones y debatieron muchas cosas. Apenas cambió nada.

Los gobiernos tomaron entonces una senda nueva: empezar a tomar medidas para “devolver la confianza” a dichos mercados. Se iniciaron reformas internas importantes que tomaron la peor de las formas posibles: el recorte por la base. El ciudadano de a pie empezó a tener la sensación de que él iba a ser el que pagase el pato de algo que no llegaba a entender en qué medida era culpa suya. En la Vieja España, el gobierno llegó incluso a reformar la Constitución –un documento que existía por aquel entonces y que, en teoría, era la madre del cordero.-

Los “mercados”, siguieron con su extorsión. Financiar al Estado era carísimo. Cada vez más. La gente, en la calle estaba angustiada. Las conversaciones en los bares habían dejado de ser sobre fútbol o sobre entretenimiento: por todas partes, se hablaba de economía. El gobierno siguió tomando medidas para tratar de contentar a esos “mercados” insaciables. Parece que no entendieron bien una cosa: que los inversores-especuladores que intervenían en dichos mercados no iban a renunciar a llevarse cuantiosos beneficios. Los votantes del partido político que gobernaba la Vieja España empezamos a tener la sensación de que nos habían traicionado. El Presidente, cada vez que salía en televisión o en prensa, daba una sensación mayor de estar superado por la situación.

Por fin, pasó lo que todo el mundo esperaba: agotado y desgastado por los acontecimientos, el presidente del gobierno convocó elecciones.

El resultado fue que el Partido Nacional del Pueblo, hasta entonces en la oposición, se llevó las elecciones de calle, con la mayoría absoluta más amplia que la Vieja España hubiera visto en su corta historia democrática…

Es la hora de mi guardia… el tiempo vuela y apenas he empezado a esbozar las bases de lo que ocurriría después… en fin, debo dejarlo aquí. La próxima vez, os contaré cómo se resquebrajó Europa y cómo empezó la guerra.

Buenas noches. Feliz Navidad.

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