Me da vergüenza el país en que me ha tocado vivir.

Hoy no tengo muchas ganas de escribir. Siento una extraña mezcla de enfado y desasosiego. Me aterroriza el futuro bajo el mando de la derecha.

Entiendo el cambio.

No lo comparto, pero lo entiendo. La nefasta gestión socialista ha pasado una factura largamente predicha. Este país quería el cambio a cualquier precio, quizá más preocupados por el hecho de que la prima de riesgo está disparada (aunque el 90% del país no tiene ni zorra idea de qué quiere decir eso pero, por supuesto, sabe que es malo) que por el hecho de que su vecino no llega a final de mes. O quizá por lo contrario, no lo sé.

No entiendo la mayoría absoluta.

¿Cuándo ha sido bueno que un grupo de personas pudiera hacer y deshacer a su antojo, sin necesidad de consultar con nadie?

¿Cuántas de las mayorías absolutas de este país han acabado con el país satisfecho?

¿Cuántas veces en la historia hemos tenido el poder concentrado en una persona -o un grupito- y qué resultados nos han dejado?

Le hemos dado carta blanca para hacer y deshacer a su antojo a los mismos que nos crearon la burbuja inmobiliaria, nos privatizaron las empresas públicas, nos impusieron la L.O.U. y nos metieron en la guerra de Irak.

No aprendemos. Es penoso. Hoy los árboles no nos dejan ver el bosque y no nos damos cuenta que hemos perdido todos.

O casi. Los de siempre, han ganado.

Y los de nunca, nos alegramos, porque habrá cambio. Porque hacía falta…

Se nos olvida  que la vida es algo más que economía.

Se nos olvidan tantas cosas…

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