Morgan´s

Por qué no me gusta Mariano Rajoy

In Actualidad, Política on 12 noviembre, 2011 at 17:42

Al hilo de una de mis últimas publicaciones en el blog me ha preguntado una amiga cómo es posible que diga que no me gusta Rajoy.

Voy a tratar de aclararlo y, de paso, compartir con vosotros algunos datos sobre el futuro Presidente del Gobierno.

Que Mariano Rajoy Brey es gallego, lo sabemos todos. Nacido en Santiago de Compostela en el año 1955, ostenta el mérito de ser el Registrador de la Propiedad más joven de España, habiendo obtenido la plaza con tan sólo 24 años. No es poco mérito, la verdad.

Es nieto de Enrique Rajoy Leloup, uno de los redactores, junto a Castelao entre otros, del primer Estatuto de Autonomía de Galicia, allá por 1932.

Desde 1981 ha ocupado diferentes cargos públicos a lo largo y ancho de la geografía española y ha desarrollado su actividad política como miembro del Partido Popular, siendo Ministro, Vicepresidente del Gobierno y, desde el año 2004, Presidente del partido.

Hasta aquí, nada que objetar. Se trata de un político conservador, con el que no comulgo en lo ideológico, pero que presenta un gran curriculum en lo profesional. Indiscutible.

Lo que me preocupa y me desagrada de este señor son algunos detalles ideológicos y de conducta. No voy a echar mano, aunque ahí están para quién quiera comprobarlas, de sus calentadas de boca tipo “del Prestige salen unos hilillos como de plastilina que se solidifican inmediatamente” o aquel desafortunado comentario, hecho en el año 2007, en que Rajoy afirmo que “El himno gallego no le importa a nadie”… coño Mariano… aunque sólo sea por el hecho de que tú eres gallego… ¿No había una forma mejor de decir que eres un firme partidario de que el inglés forme parte de los planes de estudios? ¿Alguna que no suponga una falta de respeto a una de las enseñas de la tierra en la que naciste? (la declaración, por cierto, es del 23 de Agosto de 2007, por si alguien quiere contrastarla). Lo gracioso es que este buen señor sí se mostró preocupado porque el himno español tuviera una letra (como quedó claro el 3 de Junio del mismo año 2007). El ser humano es muy voluble, ya lo decía Shakespeare.

Pero esto serían dos anécdotas sin demasiada importancia (aunque los “hilillos” resultaron ser una catástrofe ecológica y económica brutal, dejaron la costa gallega que daba pena verla y, de paso, dejaron al que escribe con un dolor de espalda de cojones de tanto recoger “plastilina” en las playas), más allá de la carnaza mediática que tanto nos gusta en este país. Pero hay otras sombras en Rajoy menos aparentes y bastante más desagradables: en el año 1983, el candidato a Presidente del Gobierno escribía un artículo en Faro de Vigo titulado “Igualdad humana y modelos de sociedad”. En dicho artículo, Rajoy comentaba un libro que había leído recientemente sobre cómo la desigualdad entre los seres humanos es normal y deseable. El autor de dicho libro, Luis Moure Mariño, era un importante ideólogo del franquismo. (el artículo es del 4 de marzo de 1983, por cierto.)

No contento con ello, poco más de un año después, publica otro artículo en el mismo diario titulado “La envidia igualitaria”. El artículo se lo sugiere un libro que ha estado leyendo, al igual que en el caso anterior. El autor de este segundo libro es Don Gonzalo Fernández de la Mora, ministro franquista de obras públicas y uno de los ideólogos del franquismo (curiosamente, es también todo un cambiachaquetas, pero ese es otro tema) y en él se defiende que las ideologías son malas y, por tanto, deberían ser abolidas y optar por un gobierno tecnócrata (fecha del artículo: 24 de Julio de 1984).

Demos un pequeño salto en el tiempo y hablemos del Caso Naseiro, un escándalo de financiación ilegal del Partido Popular y algunos de sus dirigentes, archivado no por falta de pruebas, sino por el modo en que éstas habían sido obtenidas… Rajoy, callaba. No importa que fuera un hombre recto y de moral aparentemente intachable… simplemente, callaba. Tampoco importó mucho que uno de sus correligionarios más duros, Eduardo Zaplana, fuera señalado como implicado en el caso… nah… silencio y más silencio. Con Filesa, en cambio, se despachó a gusto. Hipócrita.

Recientemente, lo hemos visto darle lija al gobierno por buscar el fin de ETA, acusando al gobierno de “traicionar a las víctimas” y otras falacias grandilocuentes por el estilo. Cuando era el gobierno Aznar el que, para impulsar el proceso de paz, acercaba presos etarras a Euskadi o concertaba reuniones con dirigentes de ETA, Rajoy seguía callado…

Tampoco se opuso a la guerra de Irak, una pantomima orquestada con la única finalidad de justificar una invasión militar de un país de gran importancia geopolítica… como portavoz de gobierno, no se desmarcó ni una sola vez de las decisiones aznaristas. No como Rodrigo Rato, llamado a ser el sucesor de Aznar, que tuvo la nefasta idea de decir lo que pensaba de la guerra y, curiosamente, acabó desligado de la actividad del partido…

Llegó el 11-M, ese fatídico día que -dicen algunos- marcó el resultado de las elecciones del 14-M. En la mente de todos están los burdos trejemanejes del PP (con Acebes, Zaplana y Rajoy a la cabeza) para tratar de convencernos de que había sido ETA la autora del atentado. Rajoy no tuvo reparos en cuestionarse a las fuerzas de seguridad, al servicio de inteligencia y, en general, a todo aquel que de un modo u otro pudiera haber postulado en contra de la teoría de la conspiración. Esto es ser hombre de estado, sí señor.

Así pues, recapitulando: Un gallego que menosprecia la cultura de su tierra, que además trató de restar importancia a uno de los más graves desastres que han afectado a  Galicia en los últimos años, que considera la desigualdad entre las personas como algo normal, natural y deseable, que entronca en sus puntos de vista con importantes teóricos del franquismo, que no tiene problemas a la hora de hacer la vista gorda con las cosas que ocurren en su partido, es lo bastante cínico para criticar a un gobierno por buscar una solución pacífica al problema del terrorismo después de haber hecho exactamente lo mismo, que guardó silencio cuando su “antiguo” jefe decidió invadir un país porque sí y que no ha tenido vergüenza alguna al sembrar dudas y miedos sobre la unidad del país, la fiabilidad de sus fuerzas del orden o la imparcialidad de sus jueces. Esos son mis motivos para que no me guste Mariano Rajoy.

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