Morgan´s

¿Y si hubieran contratado como asesor a Aaron Sorkin?

In Actualidad, Política on 8 noviembre, 2011 at 15:13

Ayer vi el debate de los dos candidatos a Presidente del Gobierno. No pensaba hacerlo. La política me hastía más y más cada día que pasa.

Pero me gustan los debates. Me gusta ver a dos personas contraponer ideas y argumentar para defenderlas, jugando con el difícil equilibrio entre la firmeza de la argumentación propia y el respeto a la postura del rival. Creo que ningún político debería poder ser elegible para un ministerio si no sabe debatir porque, en esencia, de eso va la democracia.

El problema es que España no sabe debatir. Nos gustan los extremos, los “rojos contra fachas”, “capitalistas contra proletarios” y otras formulaciones que, por suerte, se han quedado obsoletas para la mayoría de los ciudadanos. Y como no sabemos debatir, a lo de ayer le llamamos debate.

Porque claro… yo tenía entendido que un debate era una contraposición de ideas opuestas, argumentadas y discutidas… pero en otra demostración de que los políticos son “de otra raza” (o de otra galaxia, según se mire), los debates electorales en España son los monólogos de dos señores que quieren hacernos ver que se llevan fatal porque, al fin y al cabo, eso es lo que esperamos de ellos.

Y en ello se empeñaron ayer Rubalcaba y Rajoy: en demostrar que el rival era peor opción. No fue en convencernos de que ellos eran la opción buena… no, no… en España no se ganan las elecciones: las pierde el rival. Así nos va.

Debates como el de ayer son una farsa, una ridiculez, una ópera buffa. Todo está pactado de antemano. Los que hablan no son los candidatos, son sus equipos de asesores. Los contenidos de sus argumentaciones son vagos en el mejor de los casos. El encorsetamiento formal del debate hace imposible precisamente eso: debatir. Al final, cada uno de los monologuistas habla para su público y listo. Nadie hace ni dice lo que no se espera de él. Eso sí, rodeado de una solemnidad tan inútil como absurda. Es difícil tomarse en serio un evento en el que el color de la corbata de los intervinientes es tan importante como el contenido de sus discursos. O, al menos, a mí me cuesta.

¿Qué os puedo decir del debate de ayer? Que para mí no tuvo ganador, porque ninguno de los dos candidatos tiene valor alguno. Me cae mejor Rubalcaba que Rajoy, no lo niego, pero no daría mi voto a ninguno de ellos. Uno es un cínico, porque ha estado gobernando durante ocho años y ahora se desmarca de las políticas que aplicó su partido y dice que tiene una solución. El otro es un bobo y un desleal: desleal porque afirma que se pudo atajar la crisis, pero no quiso poner encima de la mesa esa “solución mágica” que tiene, prefiere esperar a llegar él al gobierno. Eso sí, los cinco millones de parados que se han generado por el camino, que se jodan… a Mariano no le venía bien solucionarles el tema de la crisis… pero ahora cuando llegue al gobierno lo va a dejar solventado rápidamente. Sin comentarios.

Aaron Sorkin es un guionista estadounidense. Fue, entre otras cosas, creador de “El ala oeste de la Casa Blanca” que es, en mi opinión, la mejor serie de la televisión. En los primeros capítulos de la cuarta temporada (4×04, 4×05 y 4×06), podemos ver cómo se prepara un debate electoral: los dos equipos de campaña se juntan y pactan TODO lo que va a pasar (que si tu tienes 10 segundos más, que si el color del fondo tiene que ser neutro, que si el moderador este es sospechoso de ser masón, que si eso no me lo preguntes…). Luego salen los candidatos y representan sus papeles. Fin del debate. Posteriormente, en la última temporada, veremos otro debate en el que los candidatos acuerdan tener un cara a cara, sin chorradas pactadas. Son 45 minutos de puro goce.

La diferencia principal es que Sorkin es un genio de la palabra mientras que Mariano y Alfredo son dos personajillos grises. Los personajes de Sorkin escenifican un interesantísimo debate, cargado de tensión. Alfredo y Mariano siguen siendo dos personajillos grises. El debate en la serie, engancha. En la realidad, aburre.

En fin… que pasen pronto estas elecciones, que pasen pronto los cuatro (u ocho) años de gobierno de Mariano y que nuestros derechos sociales, los que nos van quedando, sobrevivan a este periodo.

Y a mí, si puede ser, “Wake me up when Mariano ends”.

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